Conmoción colectiva

El gobierno del Presidente fracasó en cuanto a política de seguridad y combate a la violencia se refiere.

Me sumo a la conmoción colectiva y suscribo las palabras con las que se expresó Pascal Beltrán del Río en la Bitácora del director, del 17 de agosto, en este medio. No existe forma de describir nuestro sentir con relación al hecho de Lagos de Moreno, en Jalisco, respecto a los cinco jóvenes (Dante, Roberto, Diego, Jaime y Uriel) secuestrados y asesinados. Su muerte no ha sido una, sino miles, por las veces que ha sido reproducida la infame y cruel grabación.

Si el hecho fue auspiciado por la locura, sólo la locura puede responder con la indiferencia. Simular que no pasa nada, o pretextar que es herencia del pasado, o victimizarse para evadir la responsabilidad pública, ha sido una estrategia que le ha funcionado bien al presidente López Obrador. Mientras, miles de hogares se siguen llenando de luto por la incesante violencia que ha encontrado formas extremas de expresarse. Si la popularidad política presidencial se mantiene con el discurso demagógico difundido en las mañaneras, el terror se expande mediante este tipo de hechos criminales. Ni en los peores momentos, las ciudades que se han caracterizado por el sometimiento del poder constituido por el poder fáctico del crimen organizado vivieron actos criminales tan crueles como los que se han difundido en esta semana.

Acostumbrados a la violencia cotidiana que ha producido miles de muertos y desaparecidos, a los ciudadanos, para sacudirnos nos faltaba conocer algo más que los datos fríos de las estadísticas de homicidios dolosos y feminicidios: tener la consciencia clara sobre el grado de dolor psicológico y físico que pueden sufrir las víctimas en sus últimos minutos de vida. Ante lo inexplicable para nuestra forma de razonar, surgen las dudas ¿Acaso las personas de las otras desapariciones y asesinatos colectivos en ese estado de la República, enfrentaron el mismo patrón de saña?, ¿acaso esta forma de expresión extrema de violencia, se produce de la venganza, o sólo de una mente esquizofrénica, o tal vez, es un acto de demostración de rencor social? Corresponde a las autoridades descubrirlo, pero lo cierto es que se requiere transparencia respecto a lo que está sucediendo, porque lavarse las manos bajo el socorrido argumento de que es una confrontación entre grupos criminales, pierde credibilidad cuando no existe prueba de que las víctimas hayan participado en alguno.

Incluso, en una sociedad en donde las desigualdades económicas y sociales se manifiestan polarizadas en el propio seno de cada familia, no resulta desbordado que surjan hipótesis sobre la maximización de la polarización y sus efectos negativos, en círculos de convivencia social más amplios, no sólo de interacción física directa, sino también de interacción virtual como la que implican las redes sociales (que fue en donde por primera vez vimos felices a Dante, Roberto, Diego, Jaime y Uriel, en imágenes que ellos mismos alcanzaron a subir). Ese mundo virtual que está divorciado de lo tangible, pero al mismo tiempo, puede conectarnos con miles de realidades ajenas a la propia y que pueden producir empatía, pero también odio.

Salvo que haya una profunda  investigación del caso para descubrir qué fue lo que realmente pasó, en este momento, sólo podemos especular sobre los motivos del abominable acto criminal. Pero, por otro lado, tenemos la terrible certeza de que la amenaza es real y la evidencia es clara: el gobierno del presidente López Obrador fracasó en cuanto a política de seguridad y combate a la violencia se refiere. Lamentablemente, los más altos riesgos los están enfrentando los jóvenes.

Se podrá decir que le corresponde a los gobiernos estatales rendir cuentas al respecto, sin embargo, en ésta y otras materias, por la concentración de recursos, tanto físicos como económicos, es el gobierno federal el que debería coordinar y encabezar una posible estrategia. Pero el tiempo se acabó, porque, aunque el sexenio aun no finaliza, ante el adelanto de la sucesión presidencial, tal parece que, todo lo que está fuera de la competencia por el poder político, ya no es importante para quien tiene la titularidad del Poder Ejecutivo.

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