Acapulco y 40 municipios más

La inseguridad prevalece en varios municipios.

No llegó a las 4 de la mañana como lo anunció Conagua, sino a las 0:25 del 25 de octubre. Así, la furia del huracán Otis arrasó el puerto de Acapulco con vientos de 270 kilómetros por hora. El director del Instituto de Ciencias de la Atmósfera y Cambio Climático de la UNAM, Jorge Zavala Hidalgo, explicó que probablemente fueron varias condiciones las que se conjuntaron para que se haya producido la intensificación del ciclón, por ejemplo, el fenómeno de El Niño, un anticiclón, etcétera. (https://ciencia.unam.mx/leer/1458/otis-el-huracan-que-es-un-desafio-para...).

Que Otis se adelantara cuatro horas pudo haber sido la razón para que, ni la gobernadora Evelyn Salgado Pineda ni la presidenta municipal Abelina López Rodríguez advirtieran a los ciudadanos el gran peligro que se avecinaba. Sin embargo, no fue así, desde las 7 de la noche del martes, otras instituciones ya habían publicado la información sobre la evolución del huracán (lo escribimos aquí la semana pasada).

Independientemente de la negligencia con la que actuaron en la etapa de prevención, las dos gobernantes también fueron rebasadas para reaccionar durante la crisis. Pasaron muchas horas después de que el huracán tocara tierra, que se supo de sus efectos en Acapulco, pero fue hasta el 2 de noviembre, mediante la publicación de la declaratoria de Desastre Natural en el DOF, que se pudo conocer y dimensionar la gravedad del problema: 40 municipios fueron declarados como zona de desastre, es decir, la mitad de los que existen en Guerrero (81), y, por lo tanto, más de dos terceras partes de la población afectada.

Ahora podemos entender la decisión del presidente López Obrador de ir personalmente a Guerrero, aunque no queda claro porque lo hizo por tierra en lugar de sobrevolar todos los municipios que, seguramente, ya le habían reportado que estaban afectados: más de 50 dijo la gobernadora en un primer momento (así se publicó su petición en el texto de la declaratoria del DOF). De esta forma, mientras la atención mediática se concentra en Acapulco (por obvias razones), poco sabemos de los daños materiales y de pérdida de vidas humanas en los otros municipios.

No obstante que son 40 municipios afectados, sorprende mucho que la primera etapa del Plan General de Reconstrucción y Apoyo del gobierno federal sólo sea para “la población afectada en Acapulco y Coyuca de Benítez” ¿y los otros?

Por varias razones, guardando las proporciones, los daños a la infraestructura y la pérdida de vidas humanas ocasionado por el huracán Otis, nos recuerda los efectos del terremoto de 1985 en la Ciudad de México. En aquel entonces, para enfrentar el impacto, no sólo se reconstruyó el centro histórico, sino que tuvo que rediseñarse el modelo de desarrollo urbano de toda la ciudad. Fueron varios años  para lograrlo, pero todo comenzó el mismo día del terremoto, primero se movieron los ciudadanos ante la emergencia: levantando escombros para encontrar a vivos o muertos, donando alimentos, ropa, agua, etcétera. Después, los afectados se organizaron y presionaron al gobierno para generar un nuevo modelo de desarrollo urbano. De esta forma, a lo largo de una década, se crearon nuevas instituciones para atender la problemática de vivienda y desarrollo urbano (o se les destinaron más recursos a las existentes), nuevos reglamentos, leyes, decretos y nuevos programas.

Pero, reconstruir Acapulco y atender los otros 39 municipios no implica lo mismo, son otras características las del puerto, y otros factores se suman al impacto de Otis en el Estado, por ejemplo, la inseguridad y la violencia que prevalece en varios municipios, y la pobreza de más de 70% de la población. Si bien es cierto, hoy, se tiene que atender la emergencia en Acapulco, que es el más afectado (encontrar desaparecidos, levantar los escombros, mitigar el hambre), también se tiene que rediseñar el modelo de desarrollo urbano, económico y político de toda la entidad para restablecer el Estado de derecho y reestructurar el tejido social en donde haga falta. Para lograrlo se requiere voluntad política, pero, sobre todo, se necesitan recursos, muchos recursos ¿se logrará que la Cámara de Diputados los presupueste?

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