Servicio social, sí, pero sin riesgo

Los médicos eran cobijados por la misma comunidad, ya no

El riesgo que corren jóvenes médicos pasantes que realizan el servicio social en áreas marginadas, inseguras y con presencia de grupos criminales, no es nuevo ni es un tema que se haya generado en este gobierno, pero es un asunto que se ha ido agravando y que le toca atender y resolver a la actual administración, con el apoyo de autoridades estatales y municipales. El servicio social se ha vuelto una columna clave, sin la cual el sistema de salud local y federal se colapsaría, porque cubren la falta de médicos en zonas claves del país y permanecen todo un año en espacios a los que no irían.

Espacios a los que difícilmente vuelven una vez que logran titularse como médicos generales, salvo que sean oriundos de la zona en la que realizaron su servicio social. El asesinato del médico pasante Erick Andrade Ramírez, cuando atendía a un paciente en el Hospital Integral de El Salto, en Pueblo Nuevo, Durango, revivió la discusión sobre mantener o suprimir el servicio social.

Datos de la Secretaría de Salud muestran que, en 2021, 34 mil pasantes fueron asignados a su servicio social en clínicas, hospitales e institutos nacionales de Salud federal y estatales. Aunque datos de la Asociación Mexicana de Médicos en Formación precisa que, de ellos, alrededor de 6 mil realizan su servicio social en áreas marginadas.

Cuatro organizaciones, entre ellas Médicos en Formación y la Asamblea Mexicana de Médicos Pasantes de Servicio Social, reportan que un médico pasante ha sido asesinado cada año en los últimos cinco, en diferentes puntos del país.

Ante tal escenario, estas organizaciones de pasantes médicos se organizan para exigir que no se les envíe a zonas de riesgo ni a zonas carentes de todo tipo de infraestructura para poder ejercer dignamente su profesión.

Los pasantes de medicina reciben de apoyo mucho menos recursos que lo que el gobierno federal les da a los llamados ninis, incluso, es tan bajo el pago que no les permite ser económicamente independientes. La mayoría son mantenidos por sus familias, quienes les tienen que ayudar al pago de renta de algún cuarto, de su alimentación y transporte. Los pasantes de Medicina en Servicio Social que tienen plaza A reciben mil 100 pesos quincenales; mientras que los de plaza B, mil 400 y plaza C, mil 750; mientras que los de plaza de Investigación, 500 pesos. Y llegan a trabajar guardias de 24 horas ininterrumpidas, sin descansos.

Antes médicos y maestros eran cobijados por las mismas comunidades. Ya no se diga el cura, que era respetado por todos. Las reglas han cambiado y ahora ya no hay respeto ni por el médico ni por el maestro ni por el cura. Todos están en riesgo de ser secuestrados o asesinados. El tema está en la mesa, y ojalá las autoridades de salud lo resuelvan. El servicio social debe permanecer en las zonas donde se pueda garantizar la seguridad de los médicos pasantes. Y en otras zonas inseguras contraten personal médico con buen sueldo, que tenga el respaldo de las autoridades municipales y estatales.

Coincido con las voces de quienes analizan cómo se están formando los médicos en México, pues muchas veces realizan su servicio social sin el acompañamiento de médicos, y hay que recordar que ellos siguen siendo estudiantes.

ABATELENGUAS

Las organizaciones civiles agrupadas en Juntos contra el Cáncer andan impulsando una ley de control del cáncer, que ayude a tener un registro obligatorio de personas que sufren esta enfermedad.

También buscan crear un fondo nacional de cáncer, que ayudará a que los pacientes que no cuentan con recursos, puedan llevar sus tratamientos con asistencia médica pública; además de tener una red oncológica nacional donde participen todos, tanto autoridades, instituciones y sociedad civil para una mejor coordinación y atención de este mal. Los proyectos ahí están. Veremos si los toman en cuenta.

BAJO EL MICROSCOPIO

Que alguien le avise al director general del ISSSTE, Pedro Zenteno Santaella, que, sin deberla ni temerla, le están cancelando la pensión a jubilados, quesque porque con la pandemia de covid-19, fallecieron muchas personas y, como no tienen un buen control del tema, decidieron cancelar parejo las pensiones. ¿Y qué creen? Que ahora muchas personas, que sólo tienen su pensión para sobrevivir, andan enredadas con la tramitología, buscando comprobar a toda costa que están vivas, que no fallecieron con la pandemia para que les sigan pagando su pensión.

Y pues nada, que tardan meses y meses, y nomás no les pagan su pensión. No hay que ser.

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