Sectas, asociaciones civiles y canibalismo
Se acercan los tiempos electorales y los diversos partidos políticos y sus organigramas institucionales se comienzan a recuperar de la amnesia pre y poselectoral de la mitad de 2021, recobran la memoria de que su primordial base social es el electorado: el pueblo, los ...

Ricardo Peralta Saucedo
México correcto, no corrupto
Se acercan los tiempos electorales y los diversos partidos políticos y sus organigramas institucionales se comienzan a recuperar de la amnesia pre y poselectoral de la mitad de 2021, recobran la memoria de que su primordial base social es el electorado: el pueblo, los profesionistas independientes, empresarios, obreros, campesinos, empleados privados, servidores públicos, miles de jóvenes y miles de asociaciones civiles; por cierto, cada vez más críticos, politizados y conscientes.
Buscan lograr una hegemonía y disciplina ideológica-conductual, que ni siquiera han podido implementar dentro de los institutos políticos, están en la frontera de lo autocrático; cuando la pluriculturalidad y divergencia son la mayor riqueza de todo movimiento social, la emancipación nacional debería de ser el primordial objetivo de cualquiera que se jacte de ser un líder. No hacer burdas interpretaciones estatutarias sobre la libertad que cualquier ciudadano mexicano goza para agruparse para cualquier motivo lícito. Esto no es una concesión, no es una norma interna de menor jerarquía, lo establece el artículo 9 de nuestra Constitución, es el derecho de asociación y de reunión.
Hay miles de organizaciones civiles que han sido ignoradas, integran a miles, están articulados y cuentan con una mística de patria, servicio y nobleza.
La SCJN ha señalado que ninguna autoridad o institución de interés público, como lo son los partidos políticos, pueden prohibir ni están facultados para otorgar autorización a un particular para que se asocie, mucho menos solicitar su permanencia o renuncia a ella. Según el Inegi, hasta el 2020, en México un 54.6% de personas participa como voluntario en las organizaciones no lucrativas: 39.3 mujeres y 60.7 hombres.
En un sentido absolutamente sociológico, las organizaciones sociales son la sociedad civil; se estructuran de manera organizada, buscan reivindicar derechos propios y de otros; con ética, toman distancia del sector público y privado. Su actividad es voluntaria y gratuita. El Inegi define a las instituciones “Sin Fines de Lucro” como organizaciones sociales no lucrativas por ley o por costumbre que, al no perseguir beneficios, no distribuyen los excedentes que pudieran generar; sus decisiones y gestión son institucionalmente autónomas y separadas del gobierno, además de no imponer coercitivamente la participación en ellas (Instituto Nacional de Estadística y Geografía, 2012). Las primordiales organizaciones sociales son: la familia, las instituciones de asistencia privada, las empresas, las iglesias, fundaciones, clubes deportivos, de profesionistas, industriales, estudiantes y, por supuesto, los partidos políticos.
Cuando las asociaciones civiles contribuyen a la democratización del país y coinciden con otras de una misma ideología deben sentirse y verse como aliados, como coadyuvantes, no como rivales o, peor aún, como adversarios. Es obvio que los partidos políticos tienen como objetivo tomar el poder, pero para legitimarse deben sumar y hacer política de alto nivel, con visión social y nacional; deben integrar y respetar a todos sus adeptos, simpatizantes y militantes, no ser sectarios ni caníbales.
Para abundar: las sectas son un grupo de personas que comparten creencias religiosas, radicales, su integración es cerrada y discreta, su acceso no es libre, sólo por contactos o rituales, sus fines son lúdicos o sexuales, espirituales o religiosos, o políticos. Este término tiene una connotación siempre negativa o ilícita.
Por otro lado, hay vestigios prehistóricos de hace más de 800 mil años que acreditan que se practicó el canibalismo desde entonces. Los antropófagos son aquellas personas que comen carne humana. Hay diversas formas: el ritual, el de supervivencia y el gastronómico. El primero de ellos me llama poderosamente la atención: se divide en dos, el “endocanibalismo”, que consiste en comer los cuerpos de miembros de la misma tribu, y el “exocanibalismo”, que se basa en la ingesta de los cuerpos de miembros de otras tribus. Mitológicamente a los come hombres les llaman ogros. Por cierto, el único simpático es Shrek.