Día Internacional de la Paz: para un México y un mundo en conflicto
El más grave y penoso ejemplo de la profunda herida que la violencia ha dejado en México es la sentencia condenatoria a Genaro García Luna, quien fue condenado a 38 años de prisión en EU tras acreditarse su responsabilidad penal como socio y protector del Cártel de ...
El más grave y penoso ejemplo de la profunda herida que la violencia ha dejado en México es la sentencia condenatoria a Genaro García Luna, quien fue condenado a 38 años de prisión en EU tras acreditarse su responsabilidad penal como socio y protector del Cártel de Sinaloa durante el gobierno de Felipe Calderón. Este caso representa la evidencia más contundente de la colusión entre el poder político y el crimen organizado a nivel institucional, lo que ha debilitado al Estado mexicano y ha permitido que los grupos delincuenciales se fortalezcan, desatando una espiral de violencia que ha costado cientos de miles de vidas en los últimos 35 años.
Hoy, México ha emprendido una misión de seguridad nacional que busca pacificar el territorio y restituir la confianza ciudadana. Los esfuerzos incluyen el aseguramiento histórico de drogas ilegales, precursores químicos, armas de fuego, explosivos, vehículos y bienes inmuebles que sirven como fuentes de financiamiento para las organizaciones criminales. El trabajo de la SSPC se ha enfocado en la neutralización de generadores de violencia, la detención de líderes criminales y la desarticulación de redes logísticas y financieras. Sin embargo, la violencia en México no se limita al narcotráfico: existe también la violencia simbólica y mediática que se ejerce desde redes sociales, medios alternativos de información, televisión tradicional y prensa escrita. Esta violencia discursiva, muchas veces disfrazada de opinión o análisis, erosiona el tejido social y polariza a la población, alimentando un clima de confrontación ideológica que suele responder más a la disputa por el poder político que a la búsqueda del bien común.
El Día Internacional de la Paz, proclamado por la ONU, no debería ser un simple acto conmemorativo ni un eslogan diplomático para discursos de ocasión. Debe convertirse en un verdadero parteaguas de reflexión colectiva. En el plano internacional, la paz exige posturas claras y acciones contundentes frente a conflictos que atentan contra la humanidad, como la crisis en Palestina, particularmente en Gaza. La omisión o tibieza de ciertos actores globales ante esta tragedia demuestra que la paz no es un valor garantizado, sino un objetivo permanentemente amenazado por intereses geopolíticos, económicos y militares. Así, se debe reivindicar la defensa irrestricta de los migrantes en el mundo, pues ellos son las víctimas directas de la violencia estructural en sus países de origen. Migrar es, en muchos casos, un acto desesperado de búsqueda de paz. La comunidad internacional tiene la obligación jurídica y moral de garantizar que los migrantes no sean revictimizados, que encuentren protección en los países de tránsito y destino, y que sus derechos humanos sean respetados.
Desde la perspectiva del derecho internacional, la paz implica justicia social, respeto a la diversidad cultural, redistribución equitativa de recursos, garantía de acceso a la educación, salud y vivienda, y el pleno respeto de los derechos humanos. En el caso de México, la pacificación del país exige también desmontar las redes de corrupción que, como en el caso de García Luna, han permitido que las organizaciones criminales penetren estructuras gubernamentales y operen con impunidad. El terrorismo, el narcotráfico y el tráfico internacional de armas siguen siendo las principales amenazas a la paz global. Los Estados deben reforzar los mecanismos de cooperación en inteligencia, intercambio de información, control de fronteras y rastreo financiero. La criminalidad organizada es un fenómeno transnacional que no respeta fronteras ni ideologías. La paz debe concebirse como un derecho colectivo de la humanidad y, por tanto, su garantía debería ser vinculante para todos los Estados, no una aspiración simbólica.
La paz es también la búsqueda de la verdad, la defensa de los más vulnerables y el respeto a las distintas idiosincrasias y culturas. Es un proceso permanente que debe ser protegido de la manipulación política, del discurso de odio y de la impunidad. En México y en el mundo, la paz debe ser el proyecto civilizatorio más ambicioso de nuestro tiempo. Tal vez el Día Internacional de la Paz deba convertirse en el Año Internacional de la Paz, con acciones concretas, presupuestos asignados y metas verificables para alcanzar ese bien supremo.
