Unidad nacional: llamado en el vacío

Para hacer un llamado a la unidad nacional el gobierno debe haber promovido el diálogo entre las distintas opiniones existentes en cualquier sociedad moderna

Con apenas un año de gestión, el gobierno de Andrés Manuel López Obrador ha hecho dos dramáticos llamados a la “unidad nacional”. La primera vez fue ante la amenaza del presidente de los Estados Unidos Donald Trump por aplicar aranceles a México si no frenaba la oleada de migrantes provenientes principalmente de Centroamérica. Cuando el gobierno mexicano aceptó convertirse en la Border Patrol para Estados Unidos, el presidente Andrés Manuel López Obrador organizó un evento en Tijuana para celebrar el acuerdo.

El Presidente participó en el evento, rodeado de políticos de Morena y líderes religiosos (bueno, dos, Alejandro Solalinde, católico, y Arturo Farela, evangélico) quienes, al unísono, apoyaron su llamado a la unidad nacional.

El segundo llamado a la unidad nacional fue del secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard, ante expresiones de un vocero del gobierno de Bolivia criticando al presidente Andrés Manuel López Obrador, apenas la semana pasada.

Ante la confusa y turbia situación que reina entre México y Bolivia, donde los gobiernos no emiten sino información interesada y parcial, el llamado de Marcelo Ebrard sólo tuvo eco en personeros adictos al gobierno de la Cuarta Transformación como la secretaria de Gobernación y el presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación. La sociedad no se consideró convocada por Ebrard contra Bolivia y, por tanto, ignoró el llamado. Para poder hacer un creíble llamado a la unidad nacional, un gobierno debe cumplir por lo menos dos requisitos básicos. El primero es enfrentar un conflicto proveniente del exterior cuando el gobierno nacional tiene una posición de superioridad moral incuestionable.

Era imposible celebrar el arrodillamiento del gobierno mexicano ante Trump. Y considerando que la mayoría de los mexicanos ven en Evo Morales un prófugo de la justicia de su país porque cometió fraude electoral, es simplemente imposible confiar en un llamado ante lo turbio del caso. El segundo requisito es que el gobierno nacional haya promovido el diálogo entre las distintas opiniones existentes en cualquier sociedad moderna.

En este respecto, es evidente que el gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador es igual al de Donald Trump: ha promovido sistemáticamente la polarización en México como una estrategia política para desgastar y aplastar a la oposición. Además, utiliza al Estado para intimidar y reprimir a quienes disienten de sus puntos de vista. Es el primer Presidente de la República que, desde el inicio de la democracia en México, se niega a reunirse con la oposición.

Por ambos requisitos, el gobierno carece de autoridad moral para convocar a la unidad nacional.

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