¿Qué es terrorismo?

¿Estarán viviendo una situación de terror los miles de chiapanecos que huyen de sus casas ante el avance de grupos criminales?

El gobierno federal, a través del secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Omar García Harfuch, ha abierto el debate sobre la definición del terrorismo. Él afirmó que los coches   bomba que estallaron recientemente en Guanajuato, delante de oficinas de Seguridad Pública, no eran actos de terrorismo, sino una expresión de pugnas entre grupos criminales. Y ofreció su definición de terrorismo: actos relacionados con la religión o posturas ideológicas.

La definición que ofrece García Harfuch es muy limitada y, a decir la verdad, parece evadir el tema. En virtud de que no se ha informado a la opinión pública si el ataque de los coches bomba fueron acompañados de algún manifiesto de intención, es imposible llegar a una afirmación contundente que descarte o acepte la versión de terrorismo en este caso. ¿Cuál fue el motivo de un acto tradicionalmente usado por grupos terroristas para despertar temor en la población y llamar la atención sobre la debilidad de las autoridades? Según la autoridad, los criminales colocaron dos coches bomba frente a oficinas del estado sin definir un objetivo preciso. Muy raro.

Hay una gran cantidad de literatura sobre cómo definir el terrorismo, y no se limita a temas religiosos u ideológicos, como lo afirma García Harfuch. El terror social es un instrumento que, en el mundo moderno, emplean actores extraestatales y también los Estados para lograr sus objetivos. Esos objetivos pueden ser religiosos, ideológicos, también económicos, políticos y también referente al ejercicio de su poder por el Estado.

En el México actual, ¿dónde cabe, en estas definiciones, la decapitación del alcalde de Chilpancingo y, muy determinantemente, la colocación de su cabeza cercenada a la vista del público para crear una impresión determinada? ¿Ese hecho cabe en la definición de terrorismo o son simples “pugnas entre grupos”? Con una definición interesada y deliberadamente limitada de terrorismo, el gobierno aparentemente quiere soslayar el impacto de… un acto terrorista.

El terrorismo es eso: un acto deliberado que pretende crear terror e infundir miedo entre la población y, con ello, lograr un objetivo específico. ¿Estarán viviendo una situación de terror los miles de chiapanecos que huyen de sus casas ante el avance de grupos criminales organizados como ejércitos y ante la ausencia absoluta del Estado? ¿Y qué decir de los zacatecanos que abandonan sus pueblos para escapar del reclutamiento forzoso que hacen los cárteles de sus jóvenes para engrosar sus filas? ¿O los colgados de los puentes de San Luis Potosí? ¿Y los secuestros en Michoacán de aguacateros y limoneros para que paguen el derecho de piso? El recuento es largo, porque habría que mencionar a todo el país para hacer justicia a los peligros terroríficos que enfrentamos los ciudadanos todos los días.

El punto es que quienes infunden el terror tienen objetivos específicos. Y no son solamente los grupos criminales. También los tiene un Estado. En su libro El príncipe, Maquiavelo expone una regla básica de los gobernantes y dice: “Es más seguro ser temido que amado”. Y para que un gobernante sea temido debe realizar los actos necesarios y pertinentes para alcanzar ese temor del pueblo para que no se inquiete.

Infundir miedo al pueblo puede ser un objetivo específico de un gobierno. Las dictaduras militares de derecha gobernaron con los fusiles en las manos. Los gobiernos de izquierda también gobiernan con el fusil: Cuba, Nicaragua, Venezuela. Hoy, Bolivia pelea cruentamente para definir quién es el dueño del fusil: Lucho o Evo.

¿Cómo se define la manera en que Morena ganó la mayoría calificada en el Senado? ¿Fue terrorismo de Estado o justificables métodos gansteriles? Morena y su método de gobierno también entrarán al juicio de la historia. La sobrerrepresentación, la presión a jueces, la “supremacía” de un Poder del Estado sobre otro. Todo eso tendrá una lectura histórica: ¿Morena también infunde un reino de terror en México para consolidar su poder político, siguiendo los consejos de Maquiavelo?

Finalmente, debemos asentir que México tiene grupos extraestatales que operan con métodos terroristas, como lo son los cárteles, y hay terror de Estado, como lo presenciamos por el método de la “toma” del Congreso por Morena y, consecuentemente, la imposición de nuevas leyes que modifican la esencia de la República constitucional que hemos tenido hasta la fecha.

  • México ya ingresó a la era del terrorismo y deberá aceptar este hecho, y decidir cómo atiende su nueva realidad.

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