La tentación Chamberlain, hoy
Hoy, con la invasión rusa a Ucrania y el reciente uso de un misil supersónicopor parte de Putin contra la ciudad ucraniana de Dnipro, se empieza a hablarde que el mundo se encuentra en la antesala de la Tercera Guerra Mundial.
El 30 de septiembre de 1938, el primer ministro de Gran Bretaña, Neville Chamberlain, regresó a Londres de una reunión que tuvo en Múnich, Alemania, con Adolfo Hitler, y anunció un acuerdo que, en su opinión, aseguraba “la paz en nuestros tiempos”. En esa histórica reunión, Chamberlain y el primer ministro de Francia, Édouard Daladier, aceptaron la exigencia de Hitler de la ocupación alemana a una porción de Checoslovaquia, denominada los Sudetes, a cambio de la promesa de no buscar o pretender más ocupaciones territoriales en Europa. Sin embargo, el 15 de marzo de 1939, a menos de un año después de aquella promesa hitleriana en Múnich, el ejército alemán ocupó el resto de Checoslovaquia, iniciando con esa acción la dinámica que hizo inevitable la Segunda Guerra Mundial.
Hoy, con la invasión rusa a Ucrania y el reciente uso de un misil supersónico por parte de Putin contra la ciudad ucraniana de Dnipro, se empieza a hablar de que el mundo se encuentra en la antesala de la Tercera Guerra Mundial. Ese misil, se especula, iniciará una escalada de enfrentamientos que llegarán a una hecatombe nuclear.
De ser cierto esto, ¿qué lecciones pueden servir de la política chamberlainiana de “aplacamiento” como forma de evitar una guerra futura con características mundiales? ¿Es factible pensar en el uso de la razón para frenar los impulsos guerreros de determinados líderes y sus naciones?
Una de las ideas seminales que emergió del equívoco de Chamberlain es que la razón puede prevalecer sólo si va acompañada de una sólida muestra de fuerza de las potencias contrarias. Durante toda la llamada Guerra Fría, la concepción prevaleciente era que ningún líder “en su sano juicio” iniciaría una guerra atómica que terminará, inevitablemente, con el aniquilamiento de toda la humanidad. Una guerra sin vencedores, pero con derrotados universales.
Otra idea que salió de la negociación en Múnich de 1938 refiere que los líderes son impredecibles, especialmente cuando su poder político puede estar en duda o serán cuestionados si se apartan de su ruta guerrera. Hoy tenemos dos ejemplos que ilustran esto: Putin y Netanyahu. El único lenguaje que los puede subyugar para que retornen a la racionalidad es el del poder emanado de sociedades democráticas, pero militarmente fuertes. Una tercera noción que aportan las enseñanzas de Múnich es que las potencias antianexionistas deben ser implacables en su defensa del principio de que las anexiones llevan a la guerra en alguna forma, y no aplacan el apetito de los perpetradores. Y que el derecho internacional debe prevalecer por sobre las tesis anexionistas nacionales.
Trump dijo que terminaría la guerra en Ucrania “en un día”. Aparentemente su idea ha sido que Ucrania debería resignarse a aceptar la idea de perder sus territorios ocupados actualmente por tropas rusas, además de comprometerse a nunca ingresar a la OTAN. A cambio, se supone que Putin aceptaría renunciar a la anexión de más territorios ucranianos en el futuro. No hay, en la propuesta de Trump, ninguna mención sobre la prevalencia del orden y derecho internacional.
La propuesta de Trump es sorprendentemente parecida a la afirmación de Chamberlain sobre la “paz en nuestra era”. Es una combinación de candidez, ingenuidad y una flojera mental para abordar los problemas en toda su complejidad inmediata e histórica. La inmediatez consume las entrañas del líder que no acepta el reto de problemas en el largo plazo. No se tienta a buscar soluciones de fondo. Busca atender un expediente político inmediatista.
¿Es probable una guerra nuclear como consecuencia de la invasión rusa a Ucrania? No es probable, pero tampoco puede descartarse, habida cuenta las amenazas de Putin. Pero el mundo se equivoca si piensa que cediendo a las pretensiones territoriales de Putin se acabará con el conflicto. La negociación de Chamberlain no aplacó la posibilidad de la guerra, sino que simplemente aplazó el inició de la Segunda Guerra Mundial.
Para que haya una verdadera paz en nuestros tiempos es necesario evitar las anexiones territoriales, provengan de donde provengan, y reponer el orden mundial basado en el respeto a la integridad territorial de las naciones. La paz en nuestro tiempo se basará en el respeto a las leyes internacionales para solucionar los conflictos entre naciones.
Aprendamos de los errores de Chamberlain para no cometer los mismos en nuestra era.
