Indigenismo de la pequeña burguesía urbana
Las voces de apoyo a la carta presidencial hacia España se han escuchado desde círculos intelectuales de izquierdas y universitarios, por integrantes de la vida cultural y lúdica de las áreas urbanas cultas

Ricardo Pascoe Pierce
En el filo
Existen, grosso modo, dos concepciones del indigenismo en México. Una es la articulada por el gobierno federal en su carta-reclamo al Rey de España y al Vaticano y otra que la expresó la vocera del Concejo Indígena de Gobierno (CIG), María de Jesús Patricio Martínez, Marichuy.
En un recorrido por Chihuahua con representantes del Congreso Nacional Indígena (CNI) para conocer la experiencia de la comunidad rarámuri ante el nuevo gobierno federal, Marichuy insistió en que sigue el mismo modelo de siempre ante las comunidades indígenas: explotación, represión, despojo y desprecio.
Su preocupación radica en que las megaobras anunciadas como el Tren Maya, el tren Transístmico y la termoeléctrica de Morelos pretenden ser impuestas con consultas amañadas que contravienen los intereses y las tradiciones de las comunidades de las zonas afectadas.
Según la vocera del Consejo Indígena de Gobierno el llamado a que el rey de España se disculpara por los agravios cometidos durante la conquista fue calificado como un engaño por las comunidades indígenas.
“Lo que deben de hacer es dejar de despojar la tierra de las comunidades” afirmó, categóricamente.
Lo expuesto mediáticamente por el mandatario no es una prioridad en los hechos, y señaló: “Mientras, le están dando en la torre a los pueblos”.
En franca contraposición a la visión expresada por esta mujer indígena, excandidata presidencial, las voces de apoyo a la carta presidencial se han escuchado desde círculos intelectuales de izquierdas y universitarios, por integrantes de la vida cultural y lúdica de las áreas urbanas cultas de la zona metropolitana de la Ciudad de México.
Extensos textos sobre las atrocidades de la conquista circulan por las redes, mientras se condena la conquista y se reivindica a los pueblos originarios “puros” como el ejemplo de vida que todos quisiésemos.
La gastronomía es puesta como ejemplo excelso de la definición sincrética de la conquista y sus atrocidades.
Asegura la pequeña burguesía urbana que lo más importante es lo que sucedió hace 500 años.
Se preocupa fundamentalmente por sus odios y resentimientos generados en la conquista, pero sintiéndose sumamente cómoda con la realidad presente.
En cambio, Marichuy está preocupada por el ahora y mañana de los pueblos indígenas del país, observando que el actual gobierno otorga el mismo trato que siempre se les ha dado, desde la conquista.