Las guerras por elección

Vladimir Putin inició su invasión a Ucrania el día y hora que escogió. Tomó a los ucranianos por sorpresa, aunque la inteligencia occidental ya había advertido sobre la amenaza. Pensó que tomaría Kiev en unos cuantos días. Cinco años después, no logra conquistar Ucrania y Rusia recibe bombardeos ucranianos diariamente.  

Donald Trump eligió bombardear en el día y hora en que su inteligencia le indicaba que el ayatola estaba vulnerable a su ataque. Fue acertado en el día y hora: logró asesinar al ayatolá y gran parte de su familia. Pero después de meses de una guerra que tenía que durar unos pocos días, Estados Unidos sigue entrampado en una guerra sin fin que ha provocado una crisis política de la presidencia de Trump por no haber logrado ninguno de sus objetivos y haber creado daños laterales mundiales de gran impacto.

En ambos casos fueron guerras por elección, decididas e iniciadas por estos gobernantes. Ambos supieron cuándo querían iniciar sus respectivas guerras. Ninguno sabe cuándo concluirán. 

Sun Tzu aconsejó ir a la guerra sólo cuando existe un cálculo favorable de cinco factores (doctrina, clima, terreno, mando, disciplina). Maquiavelo definió ir a la guerra cuando es estrictamente necesario para la supervivencia del Estado. Clausewitz lo plantea cuando el objetivo político sea lo suficientemente valioso como para justificar los costos y sacrificios de una guerra. Dijo, famosamente: “la guerra es la continuación de la política por otros medios”.  

En estas aciagas fechas, con las bombas, misiles y drones lloviendo sobre los pueblos de Rusia, Ucrania, Teherán y los países del golfo Pérsico, y colateralmente sobre Israel, Gaza y Líbano, las guerras por elección tendrán impactos políticos sobre las generaciones futuras de todas las naciones.

La política es el ejercicio del arte de la persuasión, por todas las vías posibles, para lograr acuerdos o disensos entre adversarios. Cuando la política falla, entra en escena la opción de la guerra por elección. En los escenarios de conflicto político, siempre cabe, en última instancia, la opción del conflicto armado, en una o varias de sus múltiples formas y modalidades.   

En el caso de México, la presidenta Claudia Sheinbaum ha elegido entrar en un conflicto político con EU que está escalando peligrosamente hacia fases de confrontación más duras. Es imposible saber hasta dónde llegarán las condiciones de confrontación entre los dos países. Pero es evidente que ninguna opción se ha quitado de la mesa.

El choque entre las dos naciones viene de sus divergentes concepciones de la seguridad nacional. EU considera que su concepción de la seguridad nacional le concierne, pero que también les concierne a México y los países circundantes. México considera que su seguridad nacional es un problema interno y no le concierne a terceros países. De ahí que introduce el concepto de soberanía cada vez que aparece el debate sobre la seguridad nacional. ¿La seguridad nacional, es “nacional” únicamente o es “regional”?

A partir de la concepción prevalente de la seguridad nacional, México sostiene que no tiene necesidad de cuestionar si sus políticos son aliados, o no, de los cárteles del narcotráfico. Alega que esa realidad no afecta su seguridad nacional. Incluso, algunos elementos de Morena están convencidos de que la alianza con el narcotráfico fortalece la “soberanía nacional”. Defender al gobernador Rocha Moya, un personaje político relevante aliado del Cártel de Sinaloa, es calificado como un acto de soberanía nacional. Dice la Presidenta que su defensa fortalece la seguridad nacional.

Estados Unidos, en cambio, considera que su seguridad nacional viene de un pacto regional. Estima que el acuerdo mexicano con el narcotráfico rompe con los equilibrios necesarios para mantener el orden jurídico en la región. El hecho de avalar a los grupos armados extraestatales pone en peligro el uso de la violencia exclusivamente por los Estados nacionales legítimamente establecidos. Abre la puerta a nuevas formas de guerra civil internas en toda la región. 

Este diferendo esencial entre EU y México debe ser resuelto a la brevedad. De no atenderse a través del diálogo y acuerdos concretos, el diferendo de criterio político sobre los fundamentos del Estado entre vecinos contiguos puede escalar hacia un conflicto de mayores consecuencias. 

Todo es político, en la adversidad y en la guerra. Incluyendo las guerras por elección.