Fugado en Illinois, empresario en México, detenido en Buenos Aires

La detención en Buenos Aires de Rodolfo Junior Aguirre Covarrubias, que dice ser un empresario mexicano involucrado con la industria farmacéutica, incluso en áreas tan especializadas como la clonación celular, tiene todos los componentes de esas acciones que pueden terminar en una serie exitosa, pero también todas las preguntas sin respuesta que suele haber ante la impunidad con la que pueden trabajar presuntos criminales en México y en otros países.

Aguirre Covarrubias llegó a Buenos Aires el viernes, se dice que acompañado de un hijo, y se alojó en uno de los más lujosos hoteles de la ciudad, el Hilton de Puerto Madero. Con un impecable traje gris estaba saliendo rumbo a una cena de la empresa farmacéutica con la que argumenta que tenía relaciones (efectivamente esa empresa tenía una convención viernes y sábado), pero antes de salir fue detenido a las puertas del hotel: tenía una ficha roja de Interpol, que había sido emitida pocas horas antes por una orden de detención de la Corte de Illinois (la misma donde están, entre otros, los procesos de Ovidio y de Joaquín Guzmán López) librada años atrás. Aguirre Covarrubias había sido detenido en 2017 junto con otras personas con un cargamento de diez kilos de cocaína pura. Tiempo después fue dejado en libertad condicional y huyó violando las condiciones de reclusión. Se instaló en México.

La primera foto que distribuyó la secretaría de Seguridad de Argentina muestra al detenido con un traje de tres piezas y corbata. La segunda, realizada antes de que ingresara al reclusorio, lo muestra sin camisa, con todo el torso cubierto de tatuajes y con una frase de Emiliano Zapata cruzando su pecho: “Prefiero morir de pie que vivir de rodillas”.

Según las autoridades argentinas, tenía un pasaje para salir del país este lunes, viajaría de Buenos Aires a Medellín y días después a Cancún.

El mundo de crimen organizado transita cada vez más por espacios que no son los tradicionales. Desde que explotó el negocio de las metanfetaminas, y mucho más aún cuando lo hizo el del fentanilo, la relación de los grupos criminales con empresas farmacéuticas legítimas se ha incrementado en forma notable, sobre todo porque para ambos productos necesitan insumos que ellas les deben proveer. 

En muchas ocasiones se hace con operaciones legítimas a través de personajes que, como Aguirre Covarrubias, parecen un empresario más. En otras, como suele ocurrir con el fentanilo (o ahora con los componentes necesarios para producir distintas versiones de fentanilo ilegal ante las dificultades de ingresarlo en forma pura) con transacciones ilícitas con laboratorios que exportan desde distintos países, pero sobre todo desde China e India (ambos con poderosas industrias farmacéuticas nacionales que, además, en muchas ocasiones piratean productos con patentes de otros países). Argentina tiene en América Latina una de las industrias farmacéuticas más poderosas de la región.

A falta de más información Aguirre Covarrubias parecía uno de esos operadores que se mueven con un pie en la legalidad y otro en el negocio clandestino. Asombra que habiendo escapado de Estados Unidos y teniendo orden de captura allá, haya logrado asentarse en México, tener pasaporte, viajar continuamente al exterior, estar relacionado con la industria farmacéutica y hacerlo todo con su identidad real. ¿Nadie se enteró en México de sus antecedentes? ¿No hubo intercambio de información entre México y Estados Unidos? ¿Hubo negligencia o complicidad?

Por lo pronto es otro personaje que será enviado en forma inmediata desde Argentina a Chicago, y será también uno más que, no lo dude usted, termina colaborando con la justicia de ese país, desentrañando en este caso una serie de relaciones que hasta ahora estaban bajo un manto de oscuridad. La vida te da sorpresas, diría Rubén Blades.

EL ASESINATO DE SALGADO

No cabe duda de que Lorenzo Salgado fue asesinado por un agente del ICE en Houston. Hay videos, testimonios, pruebas que demuestran que a Salgado lo persiguieron automóviles sin identificación, que la camioneta que conducía fue bloqueada por estos vehículos y que cuando descendió le dispararon a quemarropa. 

El argumento de que trató de atropellar a los agentes del ICE con su camioneta no se sustenta con prueba alguna, al contrario, es desmentido por ellas. Lorenzo llevaba 35 años viviendo en Houston, jamás había tenido el menor problema con la justicia, tenía hijos mayores que estudiaron carreras universitarias, estaba regularizando su situación migratoria, era un hombre querido y respetado por sus vecinos. 

La versión que dieron las autoridades, de que la persecución inició porque uno de sus acompañantes (era, en realidad, uno de sus trabajadores) fue confundido con un personaje que los agentes del ICE estaban buscando, no se sostiene, pero mucho menos justifica la persecución, el que se haya realizado con vehículos sin identificación y mucho menos un disparo a quemarropa contra un hombre que no estaba armado. 

Su asesinato no debe quedar impune. Lástima que la confrontación con Estados Unidos por defender a Rocha Moya y a los demás narcopolíticos acusados por la justicia de ese país debilite la posibilidad de que el Estado mexicano pueda actuar en la defensa de Lorenzo.