El 3 de noviembre se efectuarán las esperadas elecciones intermedias en EU. Es noticia internacional que el presidente Trump ha caído estrepitosamente en las encuestas. Según The Economist, la aprobación del estadunidense está en 35%, con una desaprobación del 60%, con un magro 5% sin definir su voto.
La decisión de ir a la guerra en Irán fue un error, según la opinión de una mayoría de estadunidenses. 75% desaprueba su manejo de la economía y 57% considera que “va a empeorar”. El precio de la gasolina está en un punto históricamente alto. Aun con una “resolución” de la guerra en Irán y la apertura del estrecho de Ormuz, tardará hasta finales del año, o más, para normalizar el flujo de los hidrocarburos hacia la economía mundial.
Conflictos político-militares alrededor del mundo están a la expectativa del veredicto del electorado estadunidense en noviembre. Al parecer, muchos consideran que un resultado adverso a los Republicanos de Trump obligará a algún tipo de replanteo por parte de la Casa Blanca. Con el estrecho de Ormuz cerrado, presionando a la economía mundial, y una mayoría de estadunidenses en contra de la guerra de Trump, Irán sabía que sólo tenía que resistir las presiones últimas y desesperadas de Trump para doblegarlo. El espectro de una derrota electoral en noviembre consume al presidente. Finalmente, el acuerdo entre Irán y EU probablemente va a representar el regreso incómodo a como estaban las cosas antes del inicio de la guerra. El acuerdo es simplemente la prolongación del cese de hostilidades. Muy poco, si es que algo de fondo en ese conflicto estará resuelto.
En el caso de la guerra en Ucrania, el presidente Zelenski sabe que el resultado de las elecciones, de ocurrir la pérdida del control republicano sobre la Cámara de Representantes y posiblemente del Senado, podría obligar a cambiar la posición claramente proPutin de Trump. Expresiones contundentes del Congreso de EU en apoyo a Ucrania y en contra de la agresión rusa, podrían contribuir poderosamente a acelerar el fin de la guerra, con un resultado favorable a Ucrania. La Unión Europea probablemente calcula, correctamente, que el espíritu antieuropeo de la Casa Blanca no va a variar mucho. El aislacionismo estadunidense es algo consustancial a una tradición cultural muy arraigada en ese país. Se resistió a entrar a las dos guerras mundiales, hasta que fue imposible evitar su involucramiento. Pero el tono desde Washington tendrá que moderarse, pues la resolución de los conflictos en la meseta central europea y en Oriente Medio va a requerir la colaboración de Europa y Gran Bretaña. Así que es previsible una reducción de la hostilidad verbal de EU hacia sus aliados de la OTAN y la UE.
En el terreno latinoamericano es posible un tono distinto desde Washington. Si México y La Habana piensan que después de noviembre habrá un periodo de distensión, es muy probable que ocurra lo contrario. El Plan de Seguridad Nacional de EU contempla a la región como parte de su “retaguardia estratégica”, desde la Antártida hasta el Ártico, Groenlandia y Canadá incluidos. Una potencia mundial herida, como lo es EU, va a reforzar su perímetro de seguridad. Dentro de esa zona considera que tiene dos riesgos graves de seguridad: México y Cuba.
Washington va a presionar fuertemente a Cuba para lograr la caída del régimen. No va a ser como en Venezuela, a medias la cosa. Cuba va a enfrentar más castigos y presiones hasta que caiga el régimen. El futuro de ese país es altamente incierto, y el pueblo cubano va a sufrir aún más de lo que ya ha padecido.
Mención especial merece México. Noviembre no va a modificar la percepción de Washington sobre nuestro país. La idea predominante, y que la conducta de Sheinbaum ha reforzado ampliamente, es que el gobierno mexicano defiende a “los suyos”, es decir, a los políticos comprometidos con el narcotráfico. El discurso que mezcla indistintamente la “soberanía nacional” con “defensa de morenistas acusados de narcotraficantes” es visto como prueba irrefutable de que México es una amenaza directa a la seguridad nacional de Estados Unidos.
Y el resultado de las elecciones intermedias de noviembre, el que sea, no va a modificar esa percepción sobre México, ni con una mayoría demócrata en el Congreso.
