Ante la emergencia, un nuevo rumbo
Los aranceles llegan en el peor momento para México, habrá recesión.
Las agresivas medidas de Trump contra nuestro país merecen una respuesta sólida e inteligente. Sin duda, las medidas llegan en un momento en que México se encuentra en una situación de gran vulnerabilidad económica. Más vale reconocer los hechos y no meter la cabeza en la arena como los avestruces.
La vulnerabilidad existe porque la gestión económica ha dejado gran endeudamiento, poca productividad y empresas estatales al borde de la quiebra. Mexicana, Tren Maya, AIFA y Pemex-Dos Bocas son empresas, todas ellas, que consumen grandes porciones de presupuesto público federal por sus constantes pérdidas económicas, crediticias y financieras, sin visos de solución a sus carteras vencidas o por vencer.
El boquete que abren las permanentes, universales y crecientes prestaciones sociales se ensancha conforme pasa el tiempo. Además, los servicios de salud, educación y vivienda que debería ofrecer el Estado a las y los mexicanos no sólo no son suficientes, sino que se deterioran cada día más y más.
Los aranceles de Trump llegan, por tanto, en el peor momento para México porque van a provocar recesión, cuando la economía nacional se había estacionado en la puerta del cero crecimiento. Y cero crecimiento implica menos impuestos y, por tanto, menor gasto público para atender las necesidades urgentes de la población, a menos que se recurra a más deuda.
¿Qué hacer ante la emergencia que afronta México? Una emergencia exige la toma de medidas extraordinarias, excepcionales y significa pensar en un cambio de paradigma a lo que la “rutina política” esperaba de sus gobernantes.
Será necesario hacer algo que no se ha hecho en mucho tiempo: convocar a todas las fuerzas políticas y sociales del país a un diálogo fructífero, con la intención de llegar a acuerdos útiles para unificar el país. No se necesitan llamados de unidad, aunque el gobierno persista en no dialogar con la oposición. No. La emergencia exige un diálogo parejo, equidistante y respetuoso entre fuerzas. Esta situación implica plantear una recomposición de las fuerzas en el Congreso. Para ello, la fuerza mayoritaria tiene que reconocer que no puede resolver los problemas nacionales sola y sin acompañamiento, sino que ha llegado la hora de un nuevo equilibrio de fuerzas, tipo 55-45, en el Congreso, para la toma de decisiones basada en la concertación, no en la imposición. La imposición no le sirve a México enfrentando una emergencia existencial como la actual. Principalmente, está obligado a pactar, entre todos, las políticas y rutas a seguir.
Para que la vulnerabilidad nacional no crezca, generando innecesarios puntos de disenso y nos vuelva más débiles internamente, es necesario acordar la cancelación del proceso de elección del Poder Judicial y evitar una confrontación que probablemente arrojará menos legitimidad a las acciones del Estado mexicano ante un proceso confuso, poco claro y marcado por la manipulación y los desaciertos, junto con una bajísima participación. Cuando se observa que, legalmente, para ser considerado legítimo un resultado electoral debe participar, al menos, el 40% del padrón, del que se espera una participación de menos del 10% en la elección judicial. Ese límite del 40% se estableció legalmente con el voto revocatorio. Los temas que requieren acciones contundentes son definir el papel de las fuerzas de seguridad en el combate a la violencia y la lucha contra el narcotráfico. También las políticas presupuestales para atender las prioridades que aseguren que la economía empiece a crecer y detener las grandes fugas de recursos hacia obras faraónicas y mal diseñadas que entorpecen recobrar la ruta al crecimiento.
La crisis abierta por las agresivas políticas de Trump puede verse como una ventana de oportunidad para plantear el golpe de timón que requiere México para recuperar el rumbo hacia un Estado democrático basado en principios de integración, diálogo y solidaridad, además de procurar un desarrollo económico armónico para todos. El fundamento de ese golpe de timón es la inclusión en el diálogo y la construcción incluyente de la nación.
Un encuentro por la unidad nacional debe basarse en estos principios para que tenga éxito el efecto de detener la agresión exterior y la descomposición interna.
