Festín de necios
Los partidos tienen el mismo punto ciego: no ven el repudio ciudadano a sus políticos tradicionales, sus corruptelas y complicidades.

Ricardo Pascoe Pierce
En el filo
A pesar de ser la minoría más grande en la Asamblea Legislativa del Distrito Federal, Morena no encabeza ninguna de las comisiones más importantes de ese órgano legislativo, ni tiene una representación en la Comisión de Gobierno que corresponde a su tamaño. Todas las comisiones que encabeza son de menor jerarquía e importancia. Ésta situación anómala es producto de acuerdos promovidos por el PRD con otros grupos partidistas, para aislar la presencia de ese partido en las labores de la ALDF y reducir su influencia en la toma de decisiones.
Paralelamente, se ha iniciado una campaña en diversos medios buscando descalificar a Morena —desde Andrés Manuel López Obrador, pasando por sus diputados en la Cámara de Diputados y aterrizando en el DF y la ALDF— lanzada por el PRI-gobierno y que coincide con los intereses del PRD en la Ciudad de México. Ataques al populismo —código “disfrazado” para referirse a ese movimiento— y las referencias al partido del “no” abundan en medios, mientras AMLO se mantiene en un cómodo primer lugar en las encuestas. El asunto no es simplemente que está en primer lugar, sino que tiene fuerza electoral —primero o segundo lugar en todos los casos— por edades, escolaridad, nivel socioeconómico, urbano y/o rural, sexo.
En mayo de 2012, AMLO estaba adelante de Peña en las encuestas. El entonces presidente Calderón tomó la decisión estratégica de apoyar a Peña Nieto (único candidato considerado capaz de derrotar a López Obrador), sacrificando a Josefina Vázquez Mota, candidata de su partido. El presidente no estaba dispuesto a entregar la Presidencia a quien había sido su némesis, igual que Fox.
Siguiendo la misma lógica, la estrategia del PRD en la ALDF parece ser diseñada para cobrarle a Morena la insolencia de haberle humillado en las urnas este junio recién pasado. El costo que ha pagado ha sido alto. El PRD movilizó el apoyo de la oposición tradicional, entregándoles comisiones que jamás había cedido. Los ganadores han sido PAN y PRI.
Pero el costo que los tres partidos van a pagar a la larga será mucho más alto. Dando rienda suelta a una euforia antimorenista, únicamente logran abrir las puertas a una posible derrota mucho mayor: la Presidencia y la jefatura de Gobierno en 2018. No entienden qué es lo que le da fuerza y sostenibilidad políticas a AMLO. Los partidos tienen el mismo punto ciego: no ven el repudio ciudadano a sus partidos, a sus políticos tradicionales, sus corruptelas y complicidades. Y menos se percatan cómo este repudio hace que su fuerza electoral sea endeble y poco confiable, mientras el duro e implacable opositor que no tiene compromisos con los poderes institucionales y sus decisiones cada día se fortalece más y más. En el 2018 no será asunto de qué partido tiene la mejor propuesta de gobierno. Será sobre cuál representa mejor el espíritu de la época. Y ese espíritu se encamina a la implacable crítica al sistema, a sus mecanismos de control y a sus rostros más representativos.
Lo irracional del ataque del PRD a Morena es que éste es el que va a definir los candidatos de izquierda más importantes de 2018. El PRD se verá obligado a sumarse, pero en una condición de debilidad. La táctica del PRD en el DF es meramente coyuntural y carece de sentido estratégico.
Sumando todo lo anterior estamos, sin duda, en presencia de un festín de necios.
@rpascoep Facebook/RicardoPascoePierce