Por la ruta trazada...
No deja de ser irónico el anuncio hecho por el gobierno federal en el sentido de iniciar su estrategia de seguridad pública en el estado de Michoacán en febrero de 2013. Este gobierno ganó la elección nacional prometiendo una política de seguridad “totalmente ...
No deja de ser irónico el anuncio hecho por el gobierno federal en el sentido de iniciar su estrategia de seguridad pública en el estado de Michoacán en febrero de 2013. Este gobierno ganó la elección nacional prometiendo una política de seguridad “totalmente diferente” a la de Felipe Calderón. Propuso un enfoque más social y menos policiaco y confrontativo para reducir la violencia. Sonaba bien, hasta que la realidad irrumpió en escena. Las reuniones para diseñar la nueva ofensiva militar del gobierno en contra del crimen organizado fueron efectuadas primero en la XXI Zona Militar y después en las oficinas del gobernador del estado de Michoacán con el comisionado general de la Policía Federal, Enrique Galindo Ceballos. Si bien no trascendieron detalles de la estrategia emprendida, dijeron que por razones de seguridad, queda absolutamente claro para el observador, incluso novato, de que es una de carácter confrontativa y cuyo contenido “social” es totalmente secundario, si es que existe.
La ironía estriba en que Calderón hizo lo mismo, en enero de 2007, en la misma entidad. Lo que explica que Michoacán sea el estado elegido tanto por Calderón como por Peña Nieto como el punto de inicio de su combate al crimen organizado es por ser una ruta de paso geográficamente clave para el narcotráfico desde el sur, y distribuye en ramales hacia el norte. No es porque Calderón sea michoacano ni porque Peña Nieto proviene del Estado de México, vecino de Michoacán. Es por una razón estratégica y de Estado, no por una impronta sin reflexión. Y esto, lo que quiere decir, es que tanto Calderón y Peña han visto la misma información, recibieron los mismos diagnósticos y también las mismas recomendaciones.
Andrés Manuel López Obrador ya descalificó las acciones de este gobierno diciendo, en Twitter, que “El ‘Plan Anticrimen’ de EPN calcado del de Calderón: inicia en Michoacán y con la misma premisa de enfrentar la violencia con la violencia”. No hay que olvidar que, en los temas de seguridad pública y nacional, AMLO como candidato es cándidamente romántico: no propone nada excepto un vago enfoque social envuelto en caricias y buenos deseos.
Lo que importa es la imposición de la realidad. La violencia por el narcotráfico en México crece, no disminuye. Por razones políticas, las declaraciones de funcionarios empiezan a contraponerse. El secretario de Gobernación anuncio, se percibió con alegría controlada, que murieron 70 mil personas en el sexenio de Calderón en actos vinculados con el crimen organizado. La inferencia, a continuación, es que en este sexenio serán menos. También pudiera interpretarse como un intento por desviar la atención de “acto repetitivo” de este gobierno en Michoacán. Sea como fuere, y casi como respuesta al secretario, la Cámara de Diputados publicó un estudio, realizado por su Centro de Estudios Sociales y de Opinión Pública, en el que afirma que el Ejército mexicano ha incrementado su eficacia exponencialmente en el combate al crimen durante el sexenio de Calderón, logrando con ello mayor seguridad en todo el país y respaldando a la ciudadanía.
Hay un punto en el desarrollo de una política de seguridad nacional en el que es importante desvestir la demagogia política y asumir un discurso de Estado sobre la defensa del mismo como tal. El decir que se llevará adelante una política que en realidad no será aplicada, por razones políticas, como el decidido combate al narcotráfico, pone en grave peligro al propio Estado. Acuérdense que hay fuerzas internacionales, además de las nacionales, que ven en la declaratoria de México como un Estado fallido, un paso indispensable para la culminación y el logro de sus objetivos.
El camino seguido por Calderón, en contraste con todos los presidentes que lo antecedieron, es la única vía posible para defender el concepto de nación viable. Lo ocurrido en Michoacán hace unos días es precisamente la confirmación de este hecho. Para el bien de la nación, sería recomendable no enturbiar las aguas y reconocer que estamos obligados a seguir por la ruta ya trazada.
*Especialista en análisis político
@rpascoep
