¡Vladimir Vladímirovich Putin!
¡Vladimir Vladímirovich Putin! Se vociferaba con una voz gruesa el nombre completo del hombre que estaba por tener su quinta inauguración como presidente la Federación de Rusia en el tradicional Andreevsky Zal del Kremlin. La voz oficial de los eventos gubernamentales ...
¡Vladimir Vladímirovich Putin! Se vociferaba con una voz gruesa el nombre completo del hombre que estaba por tener su quinta inauguración como presidente la Federación de Rusia en el tradicional Andreevsky Zal del Kremlin. La voz oficial de los eventos gubernamentales del Kremlin se hacía resonar en todos los pasillos del máximo recinto presidencial ruso, en la transmisión televisiva nacional e internacional y en el exacto lugar donde Vladimir Putin juraría ante la constitución rusa su nuevo mandato presidencial.
El 7 de mayo y con un clima nada agradable, centenares de invitados, prensa, escoltas, embajadores, ocho jefes de Estado y funcionarios públicos se dieron cita en el corazón de Moscú para ver la inauguración presidencial del hombre que ganó con más de 87% de los sufragios la más reciente elección presidencial de marzo.
Desde su despacho en el Kremlin realizó una pequeña caminata hasta el Andreevsky Zal, donde se abrieron unas enormes puertas bañadas de oro para poder pasar entre la multitud de invitados y ser la figura principal del día no sólo dentro de Rusia, sino también en todo el mundo. Con su caminado de dandy, con el brazo izquierdo en movimiento y el derecho inmóvil, Vladimir Putin mostraba su fuerza, su poder y su figura a todos nosotros. Era claro que el mensaje nos daba a entender que el oriundo de San Petersburgo no se iba a ninguna parte. Su camino y su lugar se encuentran en el Kremlin. En el máximo poder que cualquier ruso aspira a tener y que con nulas posibilidades podrá obtener en los próximos 12 años.
Es Vladimir Putin, el hombre que hizo reformar la constitución rusa para aspirar a quedarse en el poder hasta 2036 si su salud y ánimos se lo permiten.
Es ese político y exfuncionario de la KGB que es inamovible. Es ese hombre que ya se sabía ganador desde antes de que fueran las elecciones de 2024 y que se sabe ganador si se queda otro mandato más.
A sus 71 años de edad y tras 24 años en el poder, Putin inicia un nuevo mandato presidencial de seis años, en el cual sabe la gran responsabilidad que ostenta ante una invasión a Ucrania que lleva más de 700 días y que ha dejado a Rusia semiaislada batallando con una economía llena de sanciones que si bien no han hecho un daño catastrófico, sí le ha pegado en materia interna a sus connacionales.
El futuro de Rusia para los próximos 20 años lo decidirá en su mayoría lo que pueda hacer Putin en estos próximos seis años de gobierno. No serán fáciles, pues la invasión a Ucrania y el apoyo de Occidente vislumbran una faceta que va preparando el terreno para una amenaza nuclear en todo el mundo.
Para mí, en lo personal, es un líder histórico que ha llegado hasta la cúspide de las cúpulas del Kremlin mediante la corrupción tradicional rusa, mediante el miedo y la mentira. Es esa vieja forma de escalar puestos desde la época soviética y de los terribles años 90.
Es un líder que ha sabido afianzar su poder y su discurso. Es un líder que ha aprendido que Rusia tiene socios, no amigos. Es un líder que busca ser un moderno zar expandiendo los territorios que en el 91 se disolvieron ante el colapso de la URSS.
Este 7 de mayo juró ante una copia de la constitución rusa hecha con piel de lagarto monitor rojo que se guarda en la Biblioteca Presidencial del Kremlin y se utiliza sólo para las inauguraciones presidenciales.
Se siente cobijado, se siente con todo el poder y con la capacidad de gobernar una Rusia que tiene más desafíos que anhelos.
