La visita de Zelenski a Mar-a-Lago
Zelenski sólo buscaba dar una imagen positiva

Ricardo Ortiz Esquivel
Globalística
La semana pasada, al enterarme de la visita del presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, a Mar-a-Lago, Florida, para reunirse con su homólogo estadunidense, Donald Trump, me cuestioné si era una buena idea viajar sin tener nada concreto o ninguna garantía de lo que se estaba pactando a nivel de delegaciones gubernamentales. La visita me pareció arriesgada, apresurada y sin un toque oficial. No era una visita de Estado.
Todo se cocinó al vapor. La reunión a nivel de mandatarios se trabajó con pocos días. Las delegaciones negociadoras de Estados Unidos y Ucrania continuaban con los contactos sin poder llegar a un punto de acuerdo con al menos tres conceptos importantes. Habían sido cuatro semanas de viajar, negociar, charlar e ir moldeando un plan de paz “a la ucraniana”. El tiempo ha corrido y las opciones se han ido desgastando al pasar los días. La presión se ha sentido. Rusia y Estados Unidos presionan. Ucrania sigue teniendo apoyo, pero ya no es el mismo de antes. Existe una psicosis por tener que arreglar y finalizar la guerra cueste lo que cueste. Es cansado. Las cartas no son las de hace uno o dos años atrás. El presidente Donald Trump no quita su mirada del conflicto ni disimula su favoritismo hacia Moscú. Es bastante obvio.
El conflicto militar dentro de Ucrania está casi por llegar a cuatro años si no sucede un milagro. Todo indicia que la fecha se cumplirá a finales de febrero de 2026. Serán cuatro años de avances, retrocesos, negociaciones y fracasos diplomáticos. Ucrania es el país más afectado en todos los sentidos. Rusia, por su parte, tiene mucho para resistir. Cuenta con recursos económicos, humanos y una propaganda gubernamental efectiva. La balanza no es justa, aunque Rusia también sufra pérdidas o no haya avanzado como en 2024 dentro de Ucrania.
Ante esto, me da la impresión de que el presidente Zelenski buscaba un respiro o dar una imagen positiva si visitaba al presidente Trump en la residencia de Mar-a-Lago. 2025 estaba por cerrar y los ultimátums estadunidenses olían a Navidad o a fiestas decembrinas.
La reunión Trump-Zelenski causó una sensación fuerte antes de cerrar el año. Sin embargo, pocas eran las posibilidades de llegar a un acuerdo. Todo se enfilaba a ser una visita interesante o positiva, pero quedando en lo mismo de siempre: nada.
Zelenski se reunió con Trump después de que el mandatario estadunidense sostuviera una llamada telefónica con el presidente de Rusia, Vladimir Putin. No era una buena señal. Hacía recordar a la llamada telefónica que sostuvieron ambos un día antes de que Zelenski visitara a Trump en la Casa Blanca a mediados de octubre. ¿Recuerda usted que, debido a esa llamada, Zelenski no recibió los Tomahawks que se le habían prometido antes de realizar dicho encuentro en Washington?
Dicho y hecho, la visita a Florida quedó en absolutamente nada. No se pudieron concretar los conceptos necesarios para casi cerrar el plan de paz que se trabaja entre Kiev y Washington. Zelenski se fue con las manos vacías. Él mismo sabía que no obtendría mucho. Se desesperó. Era mejor seguir negociando entre delegaciones sin quemar un encuentro más con Trump.
Ahora, empezó 2026 y no hay todavía paz. Rusia se fabricó un ataque con drones a la residencia de Putin en Novgorod culpando a Ucrania. Después de esto, Rusia da un paso atrás a las negociaciones que parecían crear un semblante de paz.
Las cosas se complican. Si pensábamos ver un cambio para febrero o marzo, creo que estamos equivocados.
Rusia no busca la paz.