Trump y la guerra en Ucrania
Desde hace ya algunas semanas se ha venido hablando con frecuencia sobre cuál será el futuro de la guerra en Ucrania al tomar posesión Donald Trump. Repetidas cosas se han prometido, se han pronosticado y se han discutido sin siquiera saber si pasarán o se concretarán. ...
Desde hace ya algunas semanas se ha venido hablando con frecuencia sobre cuál será el futuro de la guerra en Ucrania al tomar posesión Donald Trump. Repetidas cosas se han prometido, se han pronosticado y se han discutido sin siquiera saber si pasarán o se concretarán. El tema es complejo y más al tener un cambio tan radical en la Casa Blanca.
Donald Trump ansía ser el héroe que ponga un fin a la guerra mediante sus amenazas y su tan única forma de persuadir, pero todo indica que no será tan sencillo como parece. Una cosa es prometer o usar la teoría, y otra, la práctica o la realidad.
Prometer durante la campaña presidencial no cuesta nada. El problema radica en que las promesas siempre parecieron falsas o irreales, pero de alguna u otra manera fueron un furor ante el peso político que puede tener el presidente más poderoso del mundo. Sobre esto, me refiero específicamente a la política exterior que implementaría el nuevo mandatario estadunidense.
Los países envueltos en la guerra tienen sus intereses, sus condiciones y sus valores nacionalistas o patrióticos. Ninguno quiere ceder realmente territorio ganado o perdido. Ninguno pretende perder más que el otro.
Diversos presidentes, jefes de Estado o primer ministros han tratado de sentar a los países implicados en la guerra en un mesa de negociación o han buscado ser intermediarios para encontrar la paz. Países como Turquía o Bielorrusia han prestado su diplomacia y su territorio para negociar, pero lamentablemente nunca se ha logrado el resultado esperado. Bastante se ha coordinado en foros, debates o visitas a Moscú. Nada se observa como una opción. Sin embargo, la llegada de Trump de nueva cuenta al poder aspira a dar un nuevo enfoque en la guerra y examina lo que podría ser una verdadera negociación. Algunos destellos se pueden apreciar desde Moscú y Kiev. Se manifiesta una ligera disposición al diálogo o a negociar una paz duradera. La presión que ha propagado el presidente cuadragésimo séptimo de Estados Unidos se siente y se percibe en la política internacional. El ambiente se distingue de manera distinta, pero con sus reservas. Se piensa que la palabra de Donald Trump pudiera cambiar algo este año, especialmente cuando su homólogo ruso declara que está abierto al diálogo con dicha administración estadunidense y a escuchar la propuesta que se tiene para dar un punto final a la guerra. Ucrania, por su parte, dice estar en condiciones para negociar, pero realmente todo va enfocado a la presión que siente Kiev por parte de Trump.
Lejos quedaron esas promesas de culminar la guerra en 24 horas al ganar la elección o al tomar posesión el 20 de enero. Donald Trump pretende persuadir a Rusia mediante mensajes en redes sociales y amenazas que van desde aranceles hasta nuevas sanciones. Rusia escucha y niega cualquier presión. Estará abierta al diálogo, pero no cederá en lo que no le conviene.
Rusia no es lo mismo que México, Panamá o Canadá.
Culminar la guerra llevará más que un apretón de manos, negar la entrada de Ucrania a la OTAN o ceder las cuatro regiones ucranianas anexadas. Putin espera y calienta.
Trump tiene con qué blofear y amenazar, pero Rusia ya está acostumbrada eso. Percibo una reunión Trump-Putin en no más de dos o tres meses. Mucho tiempo no se puede perder, especialmente con lo que ha prometido Trump.
Nota diplomática
1- ¿Qué hacían militares venezolanos junto con Diosdado Cabello en Catatumbo, Colombia? Eso debería ser un escándalo.
2- ¿Dar abrazos al ELN y a las FARC resultó ser un error en Colombia?
