Hace dos semanas atrás escribí sobre las manifestaciones masivas en Irán y cómo es que eso fue un pretexto para que la administración del presidente Donald Trump reforzara su mira de nueva cuenta en el longevo régimen iraní del ayatolá Alí Jamenei.
Las amenazas de un ataque se calmaron gracias a la participación de la diplomacia árabe y de las potencias del Golfo, pero realmente, nada quedó exento o cerrado dentro de la mente del mandatario estadunidense. Las opciones son diversas y parece que en la Casa Blanca están estudiando los escenarios si se ataca Irán. Si no se atacó anteriormente, fue gracias a la diplomacia y a que Estados Unidos no tenía preparados los activos militares necesarios en caso de una respuesta por parte de Teherán. Era arriesgado llevar a cabo un ataque militar sin tener una defensa propia en la cercanía de la región.
Ante esto, es importante decir que la terquedad, el poder y los resultados en Venezuela son factores clave para continuar con lo que se está planeando en Irán. El mismo presidente Donald Trump ha calentado la discusión apoyando a los manifestantes dentro del país asiático lamentando las muertes causadas por el régimen en las más recientes protestas y alentando un posible cambio de liderazgo dentro de territorio iraní.
Con su particular estilo, Trump está creando en sus redes sociales y ante las cámaras un juego psicológico o de presión para que Irán ceda a sus peticiones. Es su forma de negociar como si fuera un
businessman. Es el hombre más poderoso del mundo y un hombre soberbio. Todos conocemos ya sus formas. Son las mismas de siempre para que un país ceda a sus presiones, ambiciones o caprichos presidenciales.
En lo personal, me parece que Irán podría ceder en una cosa: la reducción del enriquecimiento de uranio o casi eliminar la producción nuclear que supuestamente había sido destruida el año pasado en el mes de junio durante los ataques estadunidenses en distintas plantas nucleares iraníes. En lo que no cedería y que se ha estado tocando como dos puntos más es: limitar la producción y el número de misiles balísticos protegidos por el CRGI, como también, dejar de apoyar a los proxis iraníes en la región de Oriente Medio.
El tiempo corre y la paciencia del presidente más poderoso se agota. Creo y pienso que, aunque Irán cediera a algunas peticiones estadunidenses, Trump estaría decidido a iniciar un ataque que dejaría bastante más vulnerable al régimen iraní de lo que ya se encuentra actualmente.
Los mensajes diplomáticos han continuado entre Omán, Irán y Estados Unidos. No se ha parado la comunicación. Sin embargo, no se avanza mucho.
Los países de Oriente Medio se encuentran preocupados. Nadie quiere que estalle una guerra, un conflicto o que un ataque genere una chispa de inestabilidad desde Israel hasta Emiratos Árabes Unidos. Los mismos países árabes aliados a Estados Unidos no quieren prestar sus territorios en caso de que se realice un ataque contra Irán.
Estados Unidos tiene ya ocho buques destructores y 1 portaviones en la zona contigua a Irán. Todo está listo. Activos militares, defensas aéreas y todas las precauciones se están dando. Sólo falta la luz verde del comandante en jefe más poderoso del mundo.
Me da la impresión de que estamos a días de un ataque en Irán. Las negociaciones no estarán funcionando. Israel se unirá a Estados Unidos. Le conviene.
El régimen iraní está vulnerable, pero tiene con que defenderse. El escenario no es sencillo.
Trump va por todo en Irán.
