La guerra en Ucrania se enfrió por completo cuando surgió el conflicto militar entre EU e Irán a finales de febrero. Las negociaciones entre Rusia y Ucrania fracasaron. Nunca hubo una intención de llegar a algo o comprometerse a buscar un acuerdo de paz. Los rusos dejaron de avanzar. Las promesas del tomar el Donbás y arrasar en tiempo récord no se pudieron dar. El sur ucraniano seguía estancado. Nada especial. El foco internacional giró completamente a Oriente Medio. Por meses, sólo surgieron reportes rusos/ucranianos sobre ataques en diversas ciudades o depósitos de petróleo. Los cuatro años de guerra se cumplieron, pero no hubo tanto furor. La ayuda internacional para Ucrania se tambaleaba debido a los ataques estadunidenses en suelo iraní. La situación se complicó. Ucrania se quedaba sola. La Unión Europea poco podía hacer.
Sin embargo, para un poco antes del 9 de mayo, las cosas empezaron a cambiar su curso. Llegaba esa fecha tan especial para Rusia y los países que pertenecieron a la URSS: el Día de la Victoria. Ese día en donde se conmemora la finalización de la Segunda Guerra Mundial o la capitulación de la Alemania nazi; y se realiza un desfile militar en las regiones de Rusia, como también, en ciudades importantes de las exrepúblicas soviéticas.
Los preparativos seguían su curso. Se sabía que para el 9 de mayo, el tradicional desfile militar en la Plaza Roja de Moscú sería austero. Solamente marcharían soldados o cadetes. No habría vehículos militares, misiles Sarmat o los grandes aparatos militares que se despliegan habitualmente.
Mientras eso sucedía, el presidente de Rusia, Vladimir Putin, le hizo saber a su homólogo estadunidense, Donald Trump, mediante una llamada telefónica, que estaba proponiendo un cese al fuego del 7 al 10 de mayo con Ucrania. Al saberse esto, Ucrania propuso un cese al fuego del 5 al 7 de mayo, y ver si funcionaba para prolongarlo. Rusia no aceptó lo último y decidió bombardear todo el territorio ucraniano. Por ende, el presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, amenazó con atacar la Plaza Roja de Moscú y los alrededores de la capital rusa durante el 9 de mayo.
Rusia, respondiendo, amenazó con bombardear el centro de Kiev. Moscú, por su parte, estaba reforzada en tres o cuatro anillos con baterías de defensa. El miedo era latente. Se necesitaba seguridad.
Ante esto, EU, tuvo que intervenir para que se respetara la tregua propuesta por Rusia. La tregua, obviamente, se violó en distintas ocasiones.
El Día de la Victoria no tuvo dificultades. Todo salió bien, pero fue bastante deplorable el desfile militar en Moscú.
Después, los bombardeos volvieron a su forma habitual, pero con algo muy diferente: Ucrania parecía dominar la narrativa de la psicosis y el miedo.
Drones ucranianos han impactado en recientes semanas alrededor de Moscú y dentro de la capital rusa. Se está generando miedo y mucho cansancio entre la población rusa. Los ataques ucranianos se están multiplicando muy al interior de Rusia. Los depósitos de petróleo y abastecimiento de gasolina están siendo destruidos.
Si bien Rusia tiene más capacidad de realizar ataques con misiles y generar más destrucción que mismo Ucrania, me parece que es muy importante puntualizar que Ucrania está ganando actualmente en la narrativa general de lo que sucede dentro de la guerra. Muchos analistas han olvidado este punto, en particular.
Rusia no está teniendo el control de la guerra. Eso, preocupa y debe preocupar a muchos, especialmente dentro del Kremlin.
