Al llegar casi el fin de semana pasado, empecé a ver una tendencia en la red social X que no sé si era debido a mi algoritmo o si estaba existiendo como tal una campaña inflada con tonos propagandísticos: Rusia no es mi enemigo o Russia is not my enemy.
Me pareció un poco extraño y a la vez algo que pudiera ser relativamente normal, pues mi especialidad tiene que ver con Rusia, como también con las relaciones internacionales. Constantemente, escribo sobre Rusia y la guerra en Ucrania. Parte de mi vida tiene que ver con Moscú y Rusia. Estudié y me gradué de la máxima casa de estudios de ese gran país. Existe un gran vínculo con Rusia.
Sin embargo, la tendencia digital era repetitiva. No me cuadraba. Todas las publicaciones en diversos idiomas buscaban hacerme saber que Rusia no es el enemigo. La mayoría, eran en inglés o español. Era como si el mensaje quisiera incrustarse en mi persona de una manera persuasiva culpando a Europa o a Occidente de lo que sucede actualmente en Ucrania.
Todo se asemejaba entre sí cambiando el estilo. Cuentas con pocos o muchos seguidores. Algunas de personas reales (así parece) o claramente de bots. Cuentas verificadas y no verificadas. Cuentas en diferentes idiomas y que en su mayoría son de Europa, aunque también unas cuantas pertenecientes a Asia. Su contenido es propio y las posiciones políticas reflejan diferencias.
Las publicaciones de la tendencia o campaña cuentan con un texto largo dando a conocer sus posturas sobre Rusia y los países de origen de las cuentas. Al final de cada publicación hay un hashtag (#) o un mismo slogan dependiendo el idioma. Después, aparecen imágenes creadas por la IA (muchas con muy poca imaginación) o fotos de las personas en algún sitio turístico de Moscú.
A la par de esto, cuentas de las embajadas rusas en los diferentes países del mundo agradecen las muestras de cariño de personas o de cuentas ligadas a la tendencia ya explicada.
Es como si todo estuviera sincronizado u orquestado desde un lugar. Se aprecia artificial y manipulado, pero muy bien organizado. La secuencia continúa al visualizar comentarios, citas, poniendo likes o moviendo hacia abajo lo que aparece en la página principal de X. Publicaciones de lo mismo aparecen por montones sumando videos de “un día de mi vida en Rusia” o de propaganda rutinaria.
Al respecto y por lo plasmado en el texto, puedo decir que Rusia tampoco es mi enemigo. Tengo más de seis años de vivencias sobre Belgorod, Moscú y el mundial de futbol de 2018. No obstante, me es imposible no poder criticar y sentir tristeza por lo que se ha convertido ese país que tanto he amado desde hace muchos años atrás.
Rusia es un país invasor con todas sus letras. Se ha victimizado históricamente, pero no deja de ser un país colonizador. Se ha convertido en lo que tanto ha criticado. Sólo es cuestión de analizarlo.
Por eso, los que conocemos al ruso promedio, la historia, el idioma, la cultura y lo que es vivir en Rusia, no es tan sencillo dejarnos influenciar por un hashtag o por una tendencia que busca limpiar el nombre del país.
Todo va más allá de las palabras “enemigo” o “guerra”.
NOTA DIPLOMÁTICA
1- Un empate técnico en las encuestas para las elecciones de Brasil. ¿Habrá un efecto Trump para la pelea electoral entre Bolsonaro y Da Silva?
2- ¿Qué país estará detrás del presunto atentado en la base aérea británica de Fairford?
3- Roces entre los presidentes de Ucrania y Corea del Sur. ¿Se viene un problema diplomático entre ambas naciones?
