Reflexiones sobre política exterior
Son tiempos de cambiar lo que dejó mal el que se va; México necesita un nuevo enfoque en el mundo.
La política exterior de un país se modifica, se establece, se cambia o se desbarata según el jefe de Estado que la maneja. Toda política exterior de un país se combina con ideologías, necesidades, estrategias, conceptos, intereses, rivalidades, liderazgos, prioridades, etcétera.
Principalmente, el jefe de Estado en turno es el que elige cómo llevar la política exterior de su país dando pauta a cómo quiere que se le vea, ya sea en todo el mundo, en un continente, en una región o en un cierto cúmulo de países.
Dependiendo de su grandeza, poder, economía, idioma, cultura, posición geográfica o historia, la política exterior de un país puede ser trascendental o una más del montón que existe en este mundo tan competitivo. Al igual, la política exterior de un país depende mucho de su política interior. Ambas políticas se cohesionan junto con el jefe de Estado en turno para dar el toque necesario durante el periodo de gobierno establecido por su Constitución o Carta Magna.
Si bien es cierto que un país es más que su jefe de Estado o su política exterior, creo que el jefe de Estado pasa a ser la principal imagen del país o un importante referente ante los ojos del mundo o de los países que tienen relaciones con éste. Se puede debatir o no que sea así, pero en la actualidad con lo globalizados, politizados e ideologizados que está nuestro planeta, nuestros países, nuestros gobernantes, nuestros políticos y nosotros mismos, esto es realmente así. Si no me lo cree, reflexiónelo.
Cada jefe de Estado es responsable de cómo su país estará siendo observado, juzgado, criticado o apreciado. Cada jefe de Estado dictamina si su política exterior debe de ser agresiva, neutral, pasiva, media hipócrita o muy hipócrita. Asimismo, cada jefe de Estado le hereda su política exterior al que lo sucede o al que lo sucederá. Quiera o no, puede que sea un problema o una dicha que deje muy bien parado al nuevo jefe de Estado en cuestión. Todo dependerá si existe la misma ideología, si se tienen las mismas bases del que entrega el poder, si es un títere o si es completamente alguien distinto en términos políticos e ideológicos.
Heredar la política exterior del jefe de Estado predecesor siempre conlleva un peso enorme de cargar, aunque se esté de acuerdo o no en lo que se dejó. Lo mejor es trabajar para poner el sello que distinga al anterior y al que está ahora, especialmente si el que estaba antes era un jefe de Estado tóxico, polémico, mediocre, autoritario, víctima, generador de conflictos diplomáticos y populista. Por eso, al heredar una política exterior, es mejor cambiarla, aunque sea en lo mínimo. El proceso puede tomar años, pero siempre es importante la autenticidad y la distinción en cada jefe de Estado.
Al escribir esta reflexión, me quedo preocupado por la pésima política exterior que dejan las actuales autoridades mexicanas. Dicha política ya está pasando factura a las próximas autoridades mexicanas que están por tomar posesión en algunos días más y que parecen ir por el mismo camino que las salientes.
El México de estos momentos no necesita de problemas diplomáticos sin sentido ni de una política exterior hipócrita con tintes victimarios. Lo que viene adelante para el país es complicado y con diagnóstico reservado. No lo digo yo. Lo dicen los otros datos.
No son los tiempos de exigir perdones, de contestar cartas populistas, de nacionalismos o patriotismos ridículos. Son tiempos de cambiar lo que dejó mal el que se va. México necesita un nuevo enfoque en el mundo.
