¿Presión para Rusia?
Todo puede cambiar de una semana para otra, mientras Donald Trump gobierne en la Casa Blanca. El presidente cuadragésimo séptimo de la nación estadunidense se mueve por las opiniones, los comentarios y las influencias de sus funcionarios o amistades. Cualquier idea puede ...
Todo puede cambiar de una semana para otra, mientras Donald Trump gobierne en la Casa Blanca. El presidente cuadragésimo séptimo de la nación estadunidense se mueve por las opiniones, los comentarios y las influencias de sus funcionarios o amistades. Cualquier idea puede saltar de un instante para otro. Cualquier momento puede ser una chispa que detone un mal comentario, una pésima declaración o una situación embarazosa.
Si una negociación estaba bien, al otro día puede resultar en algo que se estanque. Si una relación con un país estaba bien, al otro día puede caer en una crisis diplomática o en una guerra comercial. Todo depende de lo que Trump vea cómo su interés, su decisión o su forma de plantear una estrategia.
Él, al ser el presidente más poderoso del mundo, puede amenazar a cualquiera que necesite y se le venga en gana. Si algo no le parece o presiente que no sale bien con un jefe de Estado, automáticamente lo expone para meter algún tipo de presión.
¿A qué voy con todo esto?
La semana pasada le comentaba a usted sobre el rumbo que llevan las negociaciones con Rusia, Ucrania y Estados Unidos. Si usted me ha leído, entiende que Rusia es el país más beneficiado en lo que hasta hoy tenemos como resultados en las existentes negociaciones.
Ha sido una constante ver cómo la actual administración estadunidense tiene que persuadir al Kremlin para tratar de continuar con cuestiones favorables entorno a un posible cese al fuego. Rusia poco o nada concede, pero sí va obteniendo lo que requiere.
Donald Trump comprende perfectamente que el país que más cartas tiene por jugar es Rusia. Se entiende deliberadamente que Rusia cuenta con las condiciones de sentarse en la mesa a exigir. Todo se lee muy bonito y es casi obvio lo que sucede, pero, al ir pasando las semanas, ¿no es casi un hecho que hay una cierta maña o un cierto plan de alargar las negociaciones sin llegar a lo que se pretende? Eso me parece que lo vemos usted y yo. Las negociaciones no han cambiado en mucho.
Si bien hay concesiones que dan pasos positivos para la paz, no hay como tal nada que vislumbre un completo cese al fuego para abril. La bolita se le puede echar a Rusia y Ucrania, pero, mayormente, creo que es a Rusia.
En distintos reportes que he podido leer de la prensa estadunidense, la administración trumpista pretende tener pactado un cese al fuego a no más tardar el 20 de abril o, a finales de abril. Es algo que estaría marcando políticamente los casi cien días de gobierno MAGA en la nación vecina.
Sinceramente, dudo que se llegue a ese objetivo, a menos que se meta una presión fuerte a Rusia. Y, si seguimos día con día lo que sucede, Rusia ha hecho saber que no se presionará en lo absoluto para firmar un cese al fuego.
Donald Trump sabe lo que sucede. Tal vez, ha querido esperar a Rusia y persuadirla con elogios a Putin o concediendo cosas; sin embargo, en días recientes hemos constatado que empieza a perder la paciencia con su “amigo” Putin.
Al haber jugado golf el fin de semana pasado con el presidente finlandés, Alexander Stubb, en Mar-a-Lago, Trump quiso tener una opinión distinta sobre Putin. El comentario de Stubb sobre Putin le debió haber calado y entendió que las negociaciones no van por donde él ha pretendido.
Trump amenazó con nuevas sanciones a Rusia si no se llega pronto a un cese al fuego o si no se avanza.
El mensaje se envió. Los rusos lo recibieron.
Desde Rusia, las criticas embisten a Trump. En Rusia no se lleva prisa.
Todo se hará al ritmo del Kremlin.
