Operación Telaraña (Ucrania)
El domingo pasado, la principal noticia internacional no fue sobre las pláticas entre Rusia y Ucrania, sino otra que sacudió completamente al mundo y al ánimo en Ucrania: La Operación Telaraña. La Operación Telaraña consistió en un ataque de 117 drones ucranianos a ...
El domingo pasado, la principal noticia internacional no fue sobre las pláticas entre Rusia y Ucrania, sino otra que sacudió completamente al mundo y al ánimo en Ucrania: La Operación Telaraña.
La Operación Telaraña consistió en un ataque de 117 drones ucranianos a cinco bases aéreas militares en distintas regiones de Rusia, las cuales cuentan con aviones bombarderos que han servido para atacar y bombardear suelo ucraniano a través de estos tres años. El objetivo principal de la misión era destruir o dañar los aviones bombarderos estacionados en las bases aéreas. El blanco de los drones eran los modelos soviéticos TU-22M, A-50, TU-95 y TU-160.
Lo complejo de esta misión no sólo era atacar este tipo de aviones, sino también la distancia, la logística y la dificultad de poder introducir todo el material necesario para llevar a cabo una tarea de esa envergadura. La operación militar se preparó por un poco más de 18 meses con espionaje, inteligencia, contrabando, corrupción y entradas arriesgadas a Rusia. El Servicio de Seguridad de Ucrania (SBU) fue el encargado de cargar con la planeación, crear la operación y el éxito de ésta.
Las cinco bases aéreas se encontraban regadas a mil, dos mil, tres o más de cuatro mil kilómetros de Kiev. Una base en Múrmansk; otra en Amur; otra en Irkutsk; otra en Ivánovo y una última en Riazán.
Por lo que se puede apreciar en la operación, los drones ucranianos habrían sido introducidos a territorio ruso en contrabando y de manera ilegal desde distintos puntos, pero principalmente desde Kazajistán. Fueron resguardados en bodegas o pequeñas fábricas; una de ellas en Chelíabinsk (muy cerca de la frontera con Kazajistán). Después, los drones fueron depositados en contenedores especiales, que fueron transportados por camiones de carga hacia distintos puntos que quedaran a escasos kilómetros de las bases aéreas. Por lo que se sabe, los chóferes de los camiones nunca supieron lo que transportaban. Todas las órdenes se dieron desde teléfonos móviles.
Los camiones fueron estacionados. Los drones salieron de los contenedores mediante distintos mecanismos ya establecidos de manera remota. La operación en tiempo real fue realizada desde Ucrania y supervisada por el mismo mandatario ucraniano, Volodímir Zelenski, junto con el jefe del SBU, Vasyl Malyuk. Los principales miembros que prepararon todo en Rusia pudieron salir antes de la misión, según el mismo mandatario ucraniano.
La Operación Telaraña pudo dañar y destruir 41 aviones bombarderos, según información oficial del gobierno ucraniano. El costo de los daños se calculó en aproximadamente siete billones de dólares.
Sin embargo, al pasar los días, se ha destacado que podrían ser menos aviones y con menos daños (un poco más de 20).
Por otra parte, ese mismo día, trenes civiles y de carga que pasaban por las regiones rusas de Briansk y Kursk se descarrilaron al colapsar dos puentes. El gobierno ruso declara que fue un sabotaje perpetuado por los ucranianos, aunque la misma Ucrania no se haya adjudicado ese hecho.
Sea como sea, este conjunto de eventos en suelo ruso marca un día trágico e histórico para Rusia dentro de la guerra. Los servicios de seguridad e inteligencia de Rusia le fallaron a su presidente y a su país. Se ha subestimado tanto a Ucrania. Tal vez, sea tiempo de tomarla enserio.
Mientras tanto, Rusia prepara una respuesta que será peligrosa y dolorosa. Más que proporcional.
Haga lo que haga, la Operación Telaraña le pegó a Rusia en su ego y en el mito histórico de su poder.
