Nueva visita y llamada a Moscú

Aunque la visita de los emisarios favoritos de Trump a Moscú no fuera en agosto, los contactos continuaron entre la Casa Blanca y el Kremlin. Era cuestión de tiempo para que supiéramos las fechas exactas en las que Steve Witkoff y Jared Kushner viajarían para reunirse con el presidente de Rusia, Vladimir Putin. Quedaban pendientes algunos detalles de propuestas, agendas y disposición.

Las comunicaciones entre Washington y Moscú se incrementaron en el último mes y medio. Yo mismo comenté hace un mes atrás en Globalística que estaban abiertos los canales para concretar un nuevo encuentro, aunque no se pudiera llegar a casi nada o absolutamente a nada. La puerta estaba más que abierta por si la administración de Trump quisiera dialogar de nuevo sobre Ucrania. Moscú esperaba señales, pero sin bajar la guardia o confiar plenamente.

Las semanas pasaron. Europa y Rusia se enfrascaron en una guerra híbrida. Las tensiones crecieron. Estados Unidos perdió un poco su postura. Quedó a la deriva su posición sobre Rusia ante un presidente Trump que siempre minimiza lo que es capaz de hacer su homólogo ruso para desestabilizar a los aliados transatlánticos. 

Ante esto, la Casa Blanca envió al director de la CIA, John Ratcliffe, a Moscú. Fue algo inesperado. Los rumores crecieron sobre su visita. Si bien no habló con Putin, sí lo hizo con funcionarios de las más importantes agencias de inteligencia de Rusia. Fueron varios mensajes. El diálogo avanzó. Estados Unidos debía seguir presente. Lo que sucede con Europa y los movimientos entre naciones generó cierta preocupación. 

Donald Trump, por su parte, le hizo saber al mundo que su amigo Vladimir Putin no atacará a la OTAN. No está en sus planes. No son sus intenciones. Trató de calmar las aguas. Sin embargo, las acciones observadas en el continente europeo son otras. Casi todas las promesas rusas han sido mentiras. El claro ejemplo es Ucrania. No hay tranquilidad. Pareciera que se viven realidades distintas en Europa y América. 

No sólo es una guerra híbrida, sino también una guerra diplomática. Lo estamos viendo en estos momentos. Rusia ha sabido usar su inteligencia para generar caos en Europa, como también, su poderío histórico para intimidar a cualquier bloque o nación. La OTAN forma parte de la guerra en Ucrania. Rusia entiende cuáles son los pasos para crear una desestabilización, buscar un chispazo que dé lugar a algo más y hacerse la eterna víctima en torno a Ucrania. 

Mientras esto sucede, Estados Unidos concretó la visita de sus emisarios favoritos a Moscú y Kiev. Se dieron las garantías que no habría ataques aéreos durante el fin de semana pasado. Como bien lo sabíamos, no se llegó a nada. Fue más la noticia y el furor, que los mismos resultados. Todo indica que Moscú no dará concesiones. Putin asegura que avanza mientras se acerca el otoño e invierno. No dará marcha atrás a lo que busca en Ucrania.

Para esta semana, Trump y Putin hablaron por teléfono. Fue una llamada de una hora y se conversó sobre Ucrania-Europa.

Todo sigue igual. 

Se prevé que la guerra prosiga al menos hasta la primavera del próximo año. Por el momento, no hay grandes cambios.

NOTA DIPLOMÁTICA

 1.- ¿El presidente de Estados Unidos está prometiendo cinco mil dólares a cada estadunidense adulto si los republicanos se quedan con la mayoría del Capitolio? Entre desesperación y compra de votos. ¡Qué tiempos se viven en Washington!

2.- Rusia y Alemania se contestan al cerrar consulados o centros culturales. Una típica guerra diplomática.