La victoria de Trump

El criminal convicto venció al sistema. El bully prevaleció. El mentiroso venció.

Los pronósticos sobre una elección cerrada fallaron. Las encuestas nacionales cambiaron a través de las semanas, pero nunca se acercaron a lo que presenciamos el martes. Para nada fue algo reñido o una batalla electoral que durara días como sucedió en 2020. De los principales y más codiciados swing states, los números se tiñeron completamente de rojo: Georgia, Wisconsin, Pensilvania y Michigan.

La noche fue perfecta para MAGA. Los votos electorales salían uno tras otro a favor de Trump. Los estados se pintaban de color rojo al pasar las 9 de la noche. Algunos se pintaban azul, pero eran pocos votos y no sorprendían. Eran bastiones demócratas.

Si uno miraba la prensa, podía observar repetidamente los votos electorales que se añadían a la cuenta republicana para llegar al tan codiciado número 270.

Los votos por correo, los adelantados y los de las principales ciudades ayudaban a Kamala Harris, pero después se desplomaban con el conteo de votos emitidos el día martes.

Los números de Donald Trump subían conforme cerraban las casillas en todo el país. Las predicciones de los estados iban en fila mostrando la cara de Trump y el color rojo. Las noticias daban alientos para Harris, pero los números rojos crecían a la par. Poco

futuro se vislumbraba para las siguientes horas.

Algo me decía que la elección llegaría a su clímax para las 11 o 12 de la noche. No estaba tan equivocado, pues para ese tiempo, los resultados de Pensilvania, Michigan y Wisconsin dictaban el camino a la victoria.

En un principio, Harris iba al frente en Wisconsin y Pensilvania, pero al pasar hora y media, la tendencia se marcó favorable para Trump. La suerte estaba echada y sólo faltaba que se hiciera oficial por parte de la prensa si Trump había ganado dichos estados. Al pasar la media noche, Pensilvania, Michigan y Wisconsin caían en manos de Trump. Se habían rebasado los 270 votos electorales. Contar más o esperar otros resultados era ya algo innecesario. El mismo The New York Times dejó de actualizar los resultados al saberse que Trump rebasaba los 277 votos electorales.

El electorado estadunidense decidió darle el voto de confianza a Trump y brindarle una segunda oportunidad. El hombre latino, el hombre blanco y la mujer blanca fueron decisivos en el voto a favor del candidato republicano.

El divisionismo, las mentiras, la xenofobia, el racismo y el populismo no importaron. El estadunidense quería un cambio. Quería regresar a los tiempos prepandemia. Quería volver a que le hablaran bonito y que le dijeran lo que quería escuchar. Trump lo supo hacer. Harris, no.

La economía, la inflación, la migración ilegal y el proteccionismo nacionalista fueron puntos clave que beneficiaron al voto rojo. El electorado se cobró lo que dejaron de hacer Biden y Harris en cuatro años. Se pagó caro, tanto así, que Trump estaría teniendo el Congreso completo a su merced.

A los 78 años, Trump hace historia al ser el presidente más longevo en ser electo. Rebasa el anterior récord de Biden. Al igual, es el primer mandatario desde Grover

Cleveland (1885-1889, 1893-1897) que es derrotado en su primer intento de reelección y gana en su segundo periodo o intento de elección.

El criminal convicto venció al sistema. El bully prevaleció. El mentiroso venció.

Trump, el hombre naranja, será el presidente cuadragésimo séptimo del país más poderoso del mundo.

Nada ni nadie lo pudo detener

Nota diplomática:

1-¿Lo del martes fue un black tuesday que se adelantó al miércoles de 2x1?

2- ¿La República, ya se la Pérez Dayán?

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