La muerte del general Igor Kirillov
A las 6:12 horas del 17 de diciembre se escuchó un estruendo que retumbó en los edificios aledaños a Razansky Prospekt 2/2 en el este de Moscú y a sólo seis kilómetros del centro de Moscú. Vidrios de ventanas se rompieron ante una explosión que no era común. El ...
A las 6:12 horas del 17 de diciembre se escuchó un estruendo que retumbó en los edificios aledaños a Razansky Prospekt 2/2 en el este de Moscú y a sólo seis kilómetros del centro de Moscú. Vidrios de ventanas se rompieron ante una explosión que no era común. El sonido de una explosión no era algo normal en la avenida Razansky Prospekt o en la capital rusa. Esos sonidos sólo se escuchan en Ucrania o en la zona donde se lleva a cabo la Operación Militar Especial de Rusia.
Al pasar los minutos, la policía y los cuerpos de seguridad locales llegaron al edificio Sreda de Razansky Prospekt 2/2. Un artefacto dentro de un scooter eléctrico explotó afuera de dicho edificio habitacional matando a dos personas e hiriendo a otra que estaba sentada dentro de un carro negro de marca Toyota con placas militares.
Uno de los occisos era ni más ni menos que el teniente general Igor Anatolyevich Kirillov, jefe de las Tropas de Defensa Radiológica, Química y Biológica de Rusia. El segundo occiso era el militar Ilya Polikarpov, quien fungía como ayudante de Kirillov. Ambos iban saliendo del edificio habitacional donde vivía Kirillov para dirigirse al carro con placas militares y acudir a un briefing militar que ya estaba organizado para el mismo martes.
La noticia del asesinato retumbó en los principales medios rusos y en los internacionales. La noticia llegó a las más altas esferas del Kremlin, del gobierno ruso y del Ministerio de Defensa.
La lógica y por el pensamiento de lo sucedido, suponía que el principal responsable era el SBU (Servicio de Seguridad de Ucrania). ¿Quién más querría asesinar de esa manera a un general ruso?
El móvil y varios eventos similares ocurridos con propagandistas, personas públicas, políticos y militares en Rusia o en los territorios anexados suponía que habían sido los ucranianos quienes realizaron tal acto.
Al pasar el furor de la noticia, el mismo servicio de seguridad ucraniano se adjudicó el asesinato de Kirillov y Polikarpov. Quedaba confirmado que los ucranianos habían dado un golpe bajo al Ministerio de Defensa de Rusia en pleno Moscú. Ni los servicios de inteligencia rusa ni el FSB pudieron prevenir el asesinato del teniente general ruso. Una vez más, fallaron los servicios de inteligencia de un país que se encuentra en guerra y que ha tenido tropiezos fuertes en estos últimos meses.
Ante esto, es de llamar la atención el asesinato de Kirillov, pues, como tal, no era un general que tuviera una gran participación en las operaciones militares dentro de Ucrania. No era alguien muy sonado o de peso que tomara decisiones dentro de la guerra. Sin embargo, sí era alguien que se encontraba investigando el posible uso de armas químicas y biológicas por parte de las fuerzas ucranianas. Al igual, investigaba la presencia de biolaboratorios en Ucrania para fabricar armas químicas bajo el apoyo del gobierno de Estados Unidos.
Un día antes de su asesinato estuvo junto con el presidente Vladimir Putin en una reunión anual del Ministerio de Defensa de Rusia y también el mismo día fue catalogado como criminal de guerra por parte Ucrania.
Asimismo, el mismo general Kirillov sabía que era investigado y que había un precio por su cabeza en Ucrania. Se le había pedido cuidarse ante un posible atentado contra su vida.
Hoy, Rusia se lamenta y avisa que habrá represalias.
Dudo, sinceramente, que esto escale a algo más de lo que ya estamos acostumbrados.
Nota diplomática
¿Por qué hay tanto silencio por parte de Vladimir Putin en torno a Siria?
