La derrota del uribismo en Colombia

Colombia es uno de los únicos bastiones de la derecha tradicional que siempre tuvo un apoyo importante entre sus electores y se re­sistía a la doctrina chavista que está comple­tamente al lado de sus fronteras orientales. Colombia era uno de esos países donde la ...

Colombia es uno de los únicos bastiones de la derecha tradicional que siempre tuvo un apoyo importante entre sus electores y se re­sistía a la doctrina chavista que está comple­tamente al lado de sus fronteras orientales. Colombia era uno de esos países donde la izquierda pretendió sobresalir por distintas formas y empezó a obtener resultados in­teresantes desde la primera candidatura de Gustavo Petro a la presidencia de la Repú­blica en 2010, pero, definitivamente, nunca daba el salto necesario para arrebatarle el poder a la tradicional derecha uribista.

La izquierda colombiana nunca se fue, nunca desistió y siempre representó un mie­do para millones de colombianos, quienes, al tener a una dictadura chavista como vecina, preferían poner el ejemplo en Sudamérica y se­guir con el modelo de derecha que Álvaro Uribe logró impo­ner en el país cafetalero desde su primer mandato en 2002. Tanto repudiaban a la izquier­da y tanto daba miedo tener un modelo izquierdista, que la iz­quierda obtuvo 50.44% de los votos (11.2 millones de votos) en la segunda vuelta electoral, con lo cual Petro se llevó el pastel que tanto quería. La tercera fue la vencida, bien dicen.

El resultado que pudimos apreciar el pa­sado domingo es meramente el cansancio de un electorado colombiano que le dio por más de 20 años su voto de confianza y res­paldó al modelo uribista, el cual suponía ser el perfecto engranaje para que Colombia sobresaliera ante los gobiernos izquierdistas sudamericanos. No hay día o fecha que no llegue, como tampoco el hecho de que algo sea para siempre. Todo termina tarde o tem­prano. La derrota de la derecha representa el fin de una era simbólica que retumba no sólo dentro del país, sino también en toda Lati­noamérica. Prácticamente, el último bastión de derecha que queda se encuentra más al oriente sudamericano, y el cual tiene un final que huele completamente a izquierda lulista: Brasil.

Al ver lo que sucede en Colombia, no me queda la duda de que Iván Duque es uno de los principales responsables de que la izquierda haya salido victoriosa. Duque re­presentaba para el uribismo y la sociedad élite colombiana una esperanza para que la derecha no sucumbiera ante un Petro que llegaba por tercera ocasión como candidato de izquierda a las elecciones presidenciales del país.

Con 70% de desaprobación casi al ter­minar su mandato presidencial y sin bue­nos resultados en general, la derecha colombiana sabía que Duque estaba terminado. Sus formas, sus mentiras, su poco margen de diálogo con la sociedad, el poco respeto a los derechos humanos, el poco apoyo a la protesta y el desprecio que suscitó por las reformas fisca­les en 2019, generaron un des­contento nacional que fueron enfadando a los colombianos. El 2021 fue el clímax que se­pultó y sepultaría la última es­peranza del uribismo. Se sabía que la contienda no sería fácil.

Por otra parte, Rodolfo Hernández re­presentó la desesperación de los que no querían que llegara la izquierda, pero, sin­ceramente, el escenario estaba puesto para la victoria de Petro. Y aunque me cueste tra­bajo escribirlo, Gustavo era la mejor opción dentro de los dos peores escenarios para Colombia. Se salvó Colombia de tener un prototipo trumpiano en la Casa de Nariño.

Ahora, se necesitará dialogar con el uri­bismo e iniciar una transición que abone, no que retroceda más en el ámbito político nacional. Tiene cosas parecidas y destellos de los populistas de izquierda, pero es inte­ligente. Colombia no es un país fácil de go­bernar. Pregúntenle a Duque.

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