Harakiri
Hay formas de suicidarse, metafóricamente, sin perder la vida: al decir cosas que no eran necesarias.
El harakiri es un ritual de suicidio japonés donde una persona se corta a sí misma el vientre con una daga de 15 a 30 centímetros. La práctica era común entre los samuráis y se realizaba para morir con honor en una situación de derrota, al caer en manos de un enemigo o al ser deshonrado.
Hasta hace unos días conocía sólo esa forma de hacer harakiri con una daga; no con la boca o la lengua. Al igual, entendía que ese acto se realizaba parar morir con honor o dignidad, y no, para quedar en ridículo o crear una polémica innecesaria. Sin embargo, pareciera que en estos tiempos las cosas han cambiado y hay varias formas de suicidarse sin perder la vida. Una de ellas es hacerlo políticamente-personalmente al crear una situación de conflicto al abrir la boca declarando cosas que no eran necesarias. No sé si el termino correcto sea harakiri o como comúnmente se dice en el argot mexicano “regarla”, pero lo que sí me queda claro es que hay gente que le gusta abrir la boca de más y crear una situación de conflicto en donde no es necesario hacerlo o donde no existía un conflicto en sí. El resultado de esto casi siempre termina en plural y con una consecuencia o un hecho incomodo.
En México, no sé si usted esté de acuerdo, pero sucede constantemente entre la gente, los políticos, los gobernantes y los que según manejan las riendas del país. Lamentablemente, hablar sin pensar forma parte de nuestra cultura y vida diaria. Es un hábito que está en cada uno de nosotros. El hablar por impulso o cuando algo no sale bien, saca a relucir lo peor de alguien o lo que tal vez no se quería decir, pero ya se dijo. Y, por supuesto, existe una gran diferencia entre una, dos o más personas, y toda una comunidad, un país o entre países.
¿A qué me refiero con todo esto?
En la época actual en la que vive México con sus problemas, con sus transiciones políticas, con la relación de su país vecino y principal socio económico, es necesario ser cuidadoso o diplomático sin caer en lo ridículo, en los titubeos o en las dificultades. Una declaración inoportuna puede resultar en un problema diplomático, en una crisis diplomática o en un rompimiento de relaciones diplomáticas. Eso lo sabe muy bien México.
Ante las adversidades que se puedan presentar con Estados Unidos y lo difícil que resulta ser como vecino el país más poderoso del mundo, siempre hay que agotar el diálogo y las instancias diplomáticas. Siempre hay filtros o instrumentos que se pueden seguir sin necesidad de comprometer la relación bilateral o comercial por andarse creyendo el héroe o los líderes nacionalistas/populistas que teníamos en los años setenta.
Para eso existen las embajadas y las mismas cancillerías. Para eso existen los términos diplomáticos. No es necesario inventar términos jurídicos o diplomáticos que no existen. No puedes poner en pausa algo que no se puede.
Los tiempos, la situación económica y las complicaciones autogeneradas no van en los modos. Y si México exige respeto a su soberanía y a sus asuntos internos, también debe de ser congruente con los demás países. ¿Exiges que no se metan en tus asuntos, pero te metes en los de Bolivia, Perú, Ecuador y Argentina? Hay que tener congruencia, no hipocresía.
Las actuales autoridades mexicanas se están haciendo un harakiri sin sentido. Es un harakiri que ha sido provocado por sus mismas incongruencias, caprichos y sus bocas parlantes. Es un harakiri que se lo lleva el que se va, pero también se lo deja a la que se queda y a los que nos quedamos.
