En Francia, Nahel es sólo la punta del iceberg
El presidente Emmanuel Macron creyó que después de la reforma a las jubilaciones y las 14 marchas que fueron noticia a nivel nacional e internacional se llegaría a una supuesta calma en Francia. Pasarían cien días de calma que lo dejarían continuar con su agenda ...
El presidente Emmanuel Macron creyó que después de la reforma a las jubilaciones y las 14 marchas que fueron noticia a nivel nacional e internacional se llegaría a una supuesta calma en Francia. Pasarían cien días de calma que lo dejarían continuar con su agenda internacional, la cual ya se había visto perjudicada durante las marchas de la reforma a las jubilaciones al tenerse que aplazar la primera visita oficial del rey Carlos III de Gran Bretaña a Francia.
Al estar todo relativamente en calma y al pasar cien días tranquilos en la política interna, Macron se preparaba para realizar un visita de Estado de tres días a Alemania, la cual no se había dado como tal desde hace 23 años y que serviría para relanzar el eje franco-alemán que se había puesto en punto muerto debido a la salida de Angela Merkel en 2021, los importantes cambios políticos con Steinmeier-Scholz, como también debido a las disputas energéticas y militares entre ambos países.
Justo en vísperas de esa visita de Estado y un viaje importante a Bruselas para la cumbre de la Unión Europea, Macron decide regresar a París de manera urgente y también cancelar su gira a Alemania ante las constantes protestas y los disturbios que no cesaban en toda Francia debido al asesinato del joven francés con ascendencia argelina-marroquí, Nahel Merzouk, quien tenía 17 años y fue abatido por un policía en el suburbio parisino de Nanterre, Francia.
La tensa calma que se pudo vivir en cien días se desvaneció por completo ante las protestas, los saqueos y disturbios que sacudían no sólo a Nanterre o a París, sino también a las principales ciudades francesas y suburbios donde se tenía una importante congregación de migrantes o comunidades arraigadas.
El mandatario francés pensó que el asesinato de Nahel no tendría consecuencias como en 2005 o 2017, tanto así que dos días después de la muerte del joven y los impactantes disturbios ya en curso se le vio bailando y disfrutando de un concierto de Elton John en la ciudad parisina sin ningún remordimiento o preocupación ante lo que se estaba viviendo en distintas ciudades y lo que se veía venir en las próximas horas.
Sinceramente, las imágenes y los videos parecían asemejar al de un país tercermundista o a uno sumergido en una guerra civil, no a uno de los principales miembros de la Unión Europea, que es considerado un país primermundista o un país europeo de ensueño.
Francia, a través de los años, ha dejado crecer el tema racial con el estrago social, que, si lo combinamos con los problemas/abusos policiales y con la falta de oportunidades a las minorías o a los franceses que no se creen franceses, entonces se puede volver una bomba de tiempo que, si explota, puede convertirse en un tema de prioridad nacional que no será fácil de resolver.
Nahel Merzouk es sólo la punta del iceberg. El iceberg completo está congelado por décadas sin poderse romper de su núcleo. Los hijos de migrantes no se sienten franceses, aunque lo sean y hayan nacido en territorio francés. El multiculturalismo en Europa, pero específicamente en Francia, ha fracasado por los extremos radicales que se han propagado desde hace años.
Hoy, los extremismos están más fuertes que nunca dentro de Francia y se agudizarán si no se combaten las causas. Veremos los resultados de todo esto cuando se den lugar las elecciones presidenciales de 2027. Extrema derecha contra extrema izquierda.
Macron tiene menos de cinco años para combatir las causas de lo que vemos hoy en Francia.
Dudo que lo haga.
