El porno show de Estados Unidos

Estamos en tiempos de populistas, de extremos, de habladores, de vende espejitos, de aduladores, de fanatismos y de reconocer que en muchos países la democracia está siendo amenazada por actores políticos que se han aprovechado de la ignorancia de sus pueblos o del ...

Estamos en tiempos de populistas, de extremos, de habladores, de vende espejitos, de aduladores, de fanatismos y de reconocer que en muchos países la democracia está siendo amenazada por actores políticos que se han aprovechado de la ignorancia de sus pueblos o del enfado que representan las tradicionales figuras políticas que llevan años prometiendo y no haciendo nada.

Estamos llenos de personajes que, aunque son una porquería, unos criminales, unos defraudadores, unos hipócritas y charlatanes, se les apoya y siguen como si fueran los mismísimos redentores, los enviados de Dios o los mesías que salvarán a sus pueblos de los malos. Entre ellos se defienden y, aunque no puedan resolver nada, le siguen haciendo creer a sus borregos o seguidores que son la respuesta para seguir con el proyecto de salvación o de transformación de su país.

Usted y yo los conocemos perfectamente, hablamos de ellos y los escuchamos prácticamente todos los días.

En esta ocasión, reflexiono sobre el arresto y procesamiento de Donald Trump, el mismísimo presidente cuadragésimo quinto de la nación estadunidense y posible candidato del Partido Republicano para las elecciones presidenciales del próximo año.

De manera irónica y hasta inexplicable para lo que es Estados Unidos, una estrella porno fue la pieza clave para que la justicia neoyorquina pudiera actuar ante un hombre que es investigado por la justicia local y federal desde hace años por sus negocios, de posiblemente no pagar impuestos y sobornos, pero especialmente por el caso del asalto al Capitolio en Washington, en enero 6 de 2020. El arresto me recuerda un poco a lo sucedido con Al Capone. Esto, por la gravedad de los delitos por los que fueron detenidos y procesados.

¿Quién pudiera creer que en el país de la gran justicia, de la gran democracia, el país de seguir la reglas y de la política como ejemplo mundial, se pudiera convertir en el show de una estrella porno como foco principal de su política interna? Discúlpeme usted, pero uno pudiera pensar en cualquier país, menos en el “más poderoso del mundo”.

Históricamente, Donald Trump se convierte en el primer presidente arrestado y procesado por la justicia estadunidense. Los 34 cargos presentados en la Corte de Manhattan son menores, se declaró no culpable (cínicamente) y salió libre para continuar su juicio, el cual comienza hasta diciembre. Dentro de este hecho se habla también sobre el expresidente Ulysses S. Grant, quien fue arrestado en 1872 por conducir a exceso de velocidad en un carruaje tirado por caballos, pero sólo recibió una multa de 20 dólares y nunca fue procesado. Salió libre.

Estados Unidos, su historia y su sistema político se hunden de manera ridícula ante la noticia de un hombre que, para bien o para mal, aprovecha y se victimiza por su arresto. Él cree ser el defensor de Estados Unidos ante los que lo quieren destruir. Es, en pocas palabras, el Mesías de EU.

Debemos reflexionar que Estados Unidos ya no es lo que era antes. Donald Trump es el claro ejemplo de que la política estadunidense ha tocado fondo. ¿Cómo es posible que un playboy y criminal se pueda convertir en el presidente cuadragésimo séptimo de la nación más poderosa del mundo? Es infame pensarlo e imaginarlo, pero la realidad es que el pueblo vecino es igual o más ignorante que el nuestro.

Que no se haga normal lo que vemos. Estados Unidos quiere dar lecciones, pero sólo hace el ridículo.

¡La política que se convirtió en un porno show!

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