El populista más poderoso del mundo
Joe Biden está a pocos días de que culmine su administración. Sus declaraciones o sus formas son las de un hombre derrotado. Se lamenta de haber dejado la carrera presidencial a su vicepresidenta, la cual fue vencida de manera humillante el mismo 5 de noviembre que se ...
Joe Biden está a pocos días de que culmine su administración. Sus declaraciones o sus formas son las de un hombre derrotado. Se lamenta de haber dejado la carrera presidencial a su vicepresidenta, la cual fue vencida de manera humillante el mismo 5 de noviembre que se llevó a cabo la elección presidencial de Estados Unidos.
Se dan algunas noticias y destellos de sus últimas apariciones como presidente de Estados Unidos, pero ya no tienen la misma tonalidad que hace algunos meses atrás. Kamala Harris y Donald Trump terminaron por apagar el brillo que quedaba en Biden. Todo se perdió. Nada se ganó.
Las decisiones se siguen tomando desde la Casa Blanca y los poderes expiran hasta que el presidente cuadragésimo sexto entregue el cargo el próximo 20 de enero al presidente cuadragésimo séptimo. Sin embargo, no sé si es mi percepción o si es el furor de la victoria de Donald Trump, pero pareciera que por momentos la agenda presidencial se maneja ya desde Mar-a-Lago, Florida, y no tanto desde Washington, D.C.
El exclusivo club de Mar-a-Lago ha pasado de ser sólo un lugar exclusivo lleno de lujos, de viviendas caras o de jugar golf, a fungir como el epicentro donde se cocina lo que será Estados Unidos por los siguientes cuatro años. Es el recinto de los republicanos MAGA. Es el recinto donde se crean las amenazas, las agendas, las frases populistas o las ideas para nutrir al elector republicano. Es el recinto donde el que será el presidente más poderoso del mundo puede blofear, amenazar, mentir o negociar a su modo. Es el recinto donde, aunque no haya una oficina oval como la de Washington, D.C. y no se gobierna Estados Unidos, sí se marca una tendencia política nacional o internacional.
El electorado estadunidense decidió entregarle su voto al hombre que le dijo lo que quería escuchar. El nacionalismo estadunidense se mezcló con el racismo, las mentiras y la xenofobia, para convertirse en una forma de hacer política o de gobernar. El electorado estadunidense estaba cansado de la mala economía, de la inflación, de las guerras, de los conflictos militares y de la agenda woke. El electorado estadunidense quería a un hombre fuerte y experimentado como liderazgo. El electorado estadunidense decidió presenciar una vez más el trumpismo de una manera más radical, más nutrida y populista. Todo compaginó y todo se hizo química. El nacionalismo y el populismo debían regresar a Washington DC
Donald Trump, el hombre que nunca dejó de hacer campaña y que utilizó la mentira como su lucha política, ahora espera a tomar posesión y tener el poder que necesite.
Mientras espera tomar el cargo y sigue siendo presidente electo, Trump es capaz de usar su estilo y tratar de cambiar el panorama mundial con tan sólo hablar o realizar un intento de amenaza verbal. Su estilo tan poco diplomático o su diplomacia amenazadora toca puntos sensibles en los países que observan su regreso.
Del hombre que era supuestamente “antiguerra” y que terminaría con los conflictos internacionales, surge una versión intimidatoria y retadora con todos los instrumentos necesarios a su alcance. Su moneda de cambio es intimidar con sanciones económicas o hasta operaciones militares si no se hace lo que su dedito dicta. En pocas palabras, algo parecido a lo que en su momento hizo Rusia al intimidar a Ucrania antes de invadirla.
Sea bluff, mentira o verdad, hay que tomar bastante enserio las locuras o las incoherencias de Donald Trump.
Está a punto de regresar el populista más poderoso del mundo.
