El capitolazo de Brasilia

Lo sucedido el pasado domingo en Brasilia estaba completamente organizado y premeditado, especialmente porque todo sucedió en fin de semana y cuando no había funciones en el complejo federal capitalino. Vamos, ni Lula da Silva se encontraba, pues estaba de gira en Sao ...

Lo sucedido el pasado domingo en Brasilia estaba completamente organizado y premeditado, especialmente porque todo sucedió en fin de semana y cuando no había funciones en el complejo federal capitalino. Vamos, ni Lula da Silva se encontraba, pues estaba de gira en Sao Paulo.

Si usted aprecia con atención imágenes o videos de los disturbios, se puede observar que los manifestantes bolsonaristas tienen prácticamente la entrada libre para ingresar sin problema a la Plaza de los Tres Poderes y a los principales edificios gubernamentales del país brasileño sin alguna resistencia de los cuerpos de seguridad que ya sabían sobre el riesgo de un encontronazo o de un asalto al corazón de la capital federal.

Surgen muchas preguntas sobre por qué la policía militar y las fuerzas de seguridad nunca redoblaron la seguridad o realizaron operativos para frenar el avance de los manifestantes a la zona de los principales de poderes federales brasileños. Se aprecia a mismos cuerpos de seguridad de la policía militar dejar pasar a los manifestantes y hasta dándoles instrucciones o riéndose de la desbandada de personas que llegaba en montones a la sede de los poderes federales.

Dentro de esto, tampoco se entiende por qué el gobernador de Brasilia y bolsonarista, Ibanéis Rocha, no hizo nada para actuar de una manera inmediata ante lo que sucedía en la tarde del pasado domingo. Asimismo, es muy raro que el exministro de Justicia bolsonarista y cabeza principal de la seguridad capitalina, Anderson Torres, se encontraba en Estados Unidos vacacionando y no haya desplegado el operativo prometido que se fraguó dos días antes del 8 de enero.

¿Quién financió a los manifestantes? Muchos de ellos no eran de la capital brasileña.

¿Hay policía metida en la organización de esta manifestación? ¿Los bolsonaristas de Brasilia tienen que ver algo con las manifestaciones?

Queda claro que el grupo que organizó este asalto nunca pretendió dar un golpe de Estado o echar a Lula de la presidencia brasileña. La realidad, es que sólo quiso exhibir su fuerza y hacerle entender a la República, a los tres poderes federales y al pueblo que, aunque Bolsonaro no ganó las elecciones, el bolsonarismo y la ola extremista siguen de pie.

Por donde usted lo quiera ver, el asalto al Palacio de Planalto, al Congreso y al Tribunal Federal es una prueba ferviente de que las democracias hoy en día son vulnerables al autoritarismo, al fanatismo y a movimientos extremistas. Lo de Brasilia es una copia de lo sucedido en el Capitolio de Washington hace dos años. Y lo peor es que sucede días después del segundo aniversario de dicho capítulo tan penoso dentro de la historia política de Estados Unidos.

Mientras se vive este gran revuelo dentro de Brasil, el expresidente Bolsonaro ya se encontraba exiliado antes de que terminara el año en Orlando, Florida. Obvio, nunca quiso estar en la toma de protesta de Lula y entregarle la banda presidencial.

Desde Orlando, observa lo que dejó de herencia a su fanaticada. Postrado en una cama de hospital reprueba lo sucedido, pero dentro de él saborea con gusto lo que es capaz de hacer su público. Es capaz de mucho más.

Brasil pareciera que no aprendió del golpe de Estado que sepultó a su democracia en 1964 con la dictadura militar iniciada por Castelo Branco. Tuvieron que pasar 21 años para que regresara la democracia con la llegada al poder de José Sarney.

El capitolazo de Brasilia deja marcado su recuerdo en la historia democrática moderna de Brasil.

Triste.

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