De lo peor, Lula fue lo menos malo
Brasil vira a la izquierda, pero para nada hacia el progresismo. No sé si las encuestadoras brasileñas jugaron a favor de Luiz Inácio Lula da Silva durante el proceso electoral presidencial y las dos vueltas electorales, pero siempre me quedé con la impresión de que ...
-Brasil vira a la izquierda, pero para nada hacia el progresismo.
No sé si las encuestadoras brasileñas jugaron a favor de Luiz Inácio Lula da Silva durante el proceso electoral presidencial y las dos vueltas electorales, pero siempre me quedé con la impresión de que los porcentajes para la intención de voto no eran verdaderamente lo que se vivía o sentía en el estado de ánimo de los votantes. Todavía para la segunda vuelta, muchos escondieron su intención de voto o prefirieron no divulgar su decisión final.
En sí, los números que siempre se manejaron durante los pronósticos y las encuestas no bajaban de 5% o 7 por ciento. Para la segunda vuelta fue casi lo mismo. Muchos en Brasil pensaron que para la segunda vuelta al tener el apoyo de los excandidatos Gomes y Tebet, el expresidente Lula arrasaría sin problemas para el segundo round. La incógnita siempre quedó en el electorado que se abstuvo de votar durante la primera vuelta, el cual fue de 20.9 por ciento.
Personalmente, nunca creí que Bolsonaro ganaría la elección aún con la desesperada misiva de conseguir el voto del noreste del país, donde a los pobres les regaló dinero y se les prometió una ayuda financiera al mero estilo de lo que uno puede llamar “programas sociales”. El noreste y el estado de Minas Gerais eran rojos. Eran parte del electorado del líder del Partido de los Trabajadores. Difícil era ganar el voto cuando en la primera vuelta ya toda esa zona se había rendido a Lula da Silva.
Si uno mira y compara el mapa electoral en los resultados de ambas vueltas electorales, se podrá dar cuenta que casi quedan igual, pero lo curioso es que para la segunda vuelta, Bolsonaro ganó 14 estados y Lula, 13. La clave siempre fue y ha sido el noreste, como también conquistar el estado más rico electoralmente hablando: Minas Gerais.
Para el domingo, a Bolsonaro le faltaron sólo casi dos puntos para llegar a un empate técnico. Los pronósticos que le daban la victoria a Lula se hicieron realidad, pero con un número de votos de diferencia muy inferior al que todos daban días antes de la elección.
Jair Bolsonaro intentó e hizo todo lo que pudo por acercársele en números a Da Silva. Creyó que con casi un mes de campaña, regalar dinero y propagar más fake news podría persuadir al 6% que no le dio el voto durante la primera vuelta.
Los brasileños no perdonaron al pasado, los actos de corrupción bolsonaristas, los pésimos manejos durante la pandemia y las atrocidades que el exmilitar decidió cometer durante sus 4 años de gobierno. Los brasileños prefirieron entre lo menos peor elegir al timonel que tiene un pasado corrupto y carcelario, gracias a Odebrecht, Petrobras y Lava Jato.
Ahora con la victoria, la transición será mínima y sin ningún reconocimiento del candidato perdedor. Si bien, la transición me parece que será pacifica entre ambos gobiernos y con todas las garantías gubernamentales, se verán pequeños destellos de una resistencia civil bolsonarista ante el inicio de funciones del nuevo gobierno en enero de 2023.
A Lula no le será fácil formar su gobierno. Es más, no creo que lo tenga completo para enero. Se tendrá que invitar a personalidades de todos los sectores y los que contribuyeron a la victoria. Nada es gratuito.
El gobierno lulista comenzará muy débil políticamente hablando. Recordemos que la derecha tiene la mayoría en el Congreso. Por consecuencia, se tendrá que negociar casi en todo.
Brasil vira a la izquierda, pero para nada hacia el progresismo.
De lo peor, Lula fue lo menos malo.
Hasta en Brasil hay crisis de políticos.
