China y Putin se vistieron de gala
El objetivo era que Estados Unidos supiera lo que es la fuerza de China.
Los caminos de esta columna se conducen esta semana hasta China. El país del dragón oriental y del líder supremo Xi Jinping se vistieron de gala. Las carpetas rojas relucieron su color intenso y todos los preparativos se dieron para recibir a los amigos que concuerdan con un bloque distinto al de Occidente.
Tianjing y Pekín fueron los escenarios para que la magia sucediera. La cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghái y el desfile militar de los 80 años de la culminación de la II Guerra Mundial se llevaron los reflectores de la prensa mundial, pues fueron los principales eventos a los que se ha hecho mucho eco en las últimas horas.
Vimos, en su mayoría, a países asiáticos alineados con Pekín. Sólo dos países europeos y sus líderes acudieron a la invitación china. Rusia no faltó ni podía faltar. India, asistió y le hizo llegar señales a Estados Unidos.
Fueron cuatro días de política, de acuerdos, de economía y de dejar en claro que la China de Xi está en la cúspide de la influencia mundial. También, de hacerle saber al mundo que el poderío militar chino tiene todas las capacidades para reclamar Taiwán y hacerle frente a cualquier potencia militar. Bueno, hasta el momento es lo que se nos presume.
Los simbolismos relucieron. Todo se hizo en una sintonía para que China se mostrara como un gigante que sabe ser un anfitrión. Todo se hizo a propósito para que el mensaje del dragón calara en Estados Unidos y se supiera de manera explícita lo que es China.
A la par de esto, pudimos también presenciar a una figura política que es más que clave en estos momentos y que vaya a donde vaya será elemental en cualquier tema mundial: el presidente de la Federación de Rusia, Vladimir Putin.
Yo entiendo que se le puede tachar de dictador, asesino, mentiroso o invasor, pero no hay forma de bloquear por completo su figura o al país que él representa. Es la verdad.
Se paseó con todos los honores por Tianjing y Pekín. Fue unos de los líderes más esperados y escuchados por todos los presentes. Tuvo el tiempo de reunirse con Xi, Jong-un, Erdogan, Fico, Modi, etcétera.
Se paseó en su limosina Aurus siendo escoltado por la seguridad china y rusa. Hizo lo que quiso. Pudo cerrar acuerdos y hasta invitó a sus homólogos a Moscú en gesto diplomático. Además, pudo conversar con Xi sobre la longevidad y el hecho de que la biotecnología puede servir para vivir 150 años.
En los cuatro días que estuvo en China se siguió una agenda de apertura y cooperación que no chocara u opacara al anfitrión.
Sin embargo, para el final de la visita y ya por la noche en Pekín, el presidente respondió a una pregunta de la prensa rusa sobre Ucrania: Está dispuesto a reunirse con Zelenski si todo se prepara. Él lo esperará en Moscú. Asimismo, repitió el tema de la legitimidad presidencial del mandatario ucraniano y cómo la constitución ucraniana no contiene párrafo alguno sobre la continuidad del presidente ucraniano ante lo que sucede en su país.
Esto yo lo había comentado con anterioridad, especialmente el que Putin quiere verse cara a cara con Zelenski, pero sólo en Moscú.
Los dados se aventaron en Pekín y el mensaje le llegó directo al líder ucraniano, como también, a su oficina en Kiev.
Todos los escenarios están puestos. Trump está molesto y no tiene nada que decirle a Putin, pero sí se sabe de la preparación de una llamada telefónica.
Todos esperan un encuentro Putin-Zelenski, aunque sólo se dará si se cumplen los requisitos que pide Rusia.
El tiempo corre y no pasa nada.
