Avances sobre Rusia

La realidad muestra que hay desesperación y muchas preguntas sin resolver dentro del país que gobierna Vladimir Putin.

Algunos la determinan como una ofensiva. Otros la determinan como una incursión. Existen otros más radicales que la definen como una invasión. Sea lo que sea, los ucranianos llevan dos semanas desafiando a una Rusia que le ha costado trabajo organizarse para detener el avance militar de su vecino dentro de la región de Kursk.

Muchos se preguntan si Rusia sabía de antemano que los ucranianos planeaban dichos movimientos en Kursk. Hasta el día de hoy, lo único que sabemos es por parte de los medios, los cuales insisten en que la inteligencia rusa notificó a las grandes cúpulas militares del Ministerio de Defensa de Rusia, pero éstas hicieron caso omiso o se confiaron de lo que pudiera hacer el ejército ucraniano. Por el otro lado, los ucranianos se empecinan en declarar que todo fue planeado tres días antes de entrar a territorio ruso, pero sinceramente, dudo que eso sea verdad. Una operación de ese tipo lleva meses de inteligencia y de reconocimiento en la zona. Inteligencia que ha sido bien trabajada hasta el momento por parte del polémico Kyrylo Budánov, jefe de la Dirección Principal de Inteligencia del Ministerio de Defensa de Ucrania.

Y no sólo es Kursk, sino también el efectivo uso de drones, de bombardeos en aeródromos, en tanques de abastecimiento de petróleo o de gasolina. Al igual, en puertos clave donde se almacena armamento o material militar.

En dos semanas si bien Ucrania ha avanzado por pequeños pueblos rusos en la región de Kursk y ha destruido tres puentes prioritarios que hacen ruta para el abastecimiento de armamento a las tropas rusas, su movimiento comienza a disminuir debido a las fortificaciones que los rusos están construyendo en Kursk. Los rusos están recibiendo apoyo de nuevos conscriptos, de reservas, de los militares chechenos que envía Ramzán Kadírov y de las tropas rusas que estaban peleando en gran parte del Donbás, pero, aunque lleguen muchos, también están cayendo como prisioneros o siendo emboscados.

Cada lado muestra su propaganda, su nacionalismo, sus historias de avance o de defensa, pero lo que queda claro es que Ucrania está haciendo sufrir a los residentes de Kursk, de Belgorod y de Briansk. Las historias de las evacuaciones y de los residentes rusos que he leído se parecen tanto a las que en su momento compartieron los ucranianos a principios de la invasión rusa en 2022. La televisión rusa trata de maquillar lo sucedido en Kursk, pero blogueros y medios muestran una realidad que sí le da miedo a los que no les importaba la guerra o el sufrimiento de los ucranianos todavía hace meses atrás.

Y mientras eso sucede, parece que en el Kremlin decidieron sacar de su búnker en Novo-Ogaryovo, región de Moscú, al presidente Vladimir Putin. Se fue de gira al Cáucaso y al sur de Rusia: Vladikavkaz, Chechenia, Osetia y Azerbaiyán. Asimismo, el mandatario ruso firmó un decreto en donde concede un permiso de residencia para aquellos extranjeros que busquen huir de países que apliquen políticas contrarias a la tradición y moralidad rusa.

Los contrastes son tremendos entre Kursk y lo que hace Putin. Se pretende dar tranquilidad al mostrarse como un viajero y como alguien que abraza a sus aliados, pero la realidad muestra que hay desesperación y muchas preguntas sin resolver dentro de Rusia. Se habla de otras operaciones en Járkov y Briansk, lo cual debe tener alerta a muchos.

Sobre Kursk, Putin habría pedido expulsar a los ucranianos a más tardar el 1 de octubre. La guerra, parece, torna momentáneamente a Rusia.

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