El tema del sarampión

Tras la pandemia de covid-19, y con el regreso a la movilidad internacional de las personas, se facilitó la dispersión de una infección tan contagiosa como el sarampión.

Raymundo Canales de la Fuente

Raymundo Canales de la Fuente

Bioética y biopolítica

El sarampión es una enfermedad causada por un virus, muy contagiosa por medio de las gotitas respiratorias del enfermo, que principalmente afecta a niñas y niños, pero también puede infectar a adolescentes y adultos.

En todo el orbe estamos viendo cifras crecientes de casos, cuya explicación es un tanto compleja. Desde luego, la prevención es la acción más importante para controlar los brotes, y la carencia de la misma es parte de la explicación. Muchos países en el mundo habíamos erradicado la enfermedad, sabemos que cuando se alcanza un 95% de los menores vacunados, prácticamente desaparecen los casos y la trasmisión de la misma. Desde unos años antes de la pandemia en muchos países disminuyeron las cifras de vacunación, quizá debido a la aparición de nuevas vacunas, que también son importantes, de tal forma que al ampliar el número de vacunas para cada menor, pueden ocurrir algunas deficiencias. Mientras estábamos discutiendo el asunto aparece la pandemia de covid-19 que trastornó todos los sistemas sanitarios y, desde luego, afectó de forma muy importante la vacunación de las niñas y niños, dejando sin cobertura a una proporción muy importante en muchos países. Terminada la pandemia, y con el regreso a la movilidad internacional de las personas, se facilitó la dispersión de una infección tan contagiosa, ahora agravado el panorama por la absurda aparición de grupos de personas que se definen como “antivacunas”, que esgrimen argumentos ridículos afirmando que las vacunas causan problemas sanitarios graves. Entre sus filas se encuentra incluso el presidente del país más poderoso del mundo, de donde por cierto vinieron los primeros casos que aparecieron en México el año pasado.

Esos grupos son los responsables de un conjunto de menores que han fallecido en diversos países como Italia, donde han sido muy activos convenciendo a muchas madres y padres para impedir que los menores sean vacunados. De hecho, si lo consideramos de esa forma, son asesinos. Parece una contradicción mayúscula que exactamente después de la pandemia, cuando en el mundo entero estamos contemplando que la infección se pudo controlar exactamente por la aparición de las vacunas, previniendo así millones de muertes, existan seres humanos, que se dicen pensantes, afirmando que las vacunas son un peligro social y conducen a enfermedades.

Desde luego todas las vacunas, desde que se inventaron, pueden causar alguna reacción inesperada con complicaciones graves, pero la frecuencia de esos casos es tan baja que no se justifica suspender su aplicación. Si comparamos el número de complicaciones graves o muertes provocadas por alguna vacuna con el número de personas que morirán si no se aplica el biológico el número es apabullante. En el caso del covid-19 han existido unos cuantos casos de complicaciones vacunales, pero se han prevenido millones de muertes.

Hoy México está actuando de manera muy responsable, recomponiendo la estrategia de vacunación a los menores, pero se está ampliando la población hasta las personas de 49 años, porque ellas y ellos podrían padecer la enfermedad dado que no tenemos certeza de su inmunidad. Los mayores casi todos padecimos la infección en la infancia por lo que no requerimos el biológico.

Por lo pronto, de este lado de la frontera seguramente podremos controlar los brotes rápido, pero lo que ocurra hacia el norte es mucho más incierto por los políticos que los gobiernan.