Hasta hace poco tiempo, frente a un escenario internacional que parecía preocupado por la salud de los individuos que abusan de cualquier sustancia adictiva, muchas personas teníamos la sensación de que el asunto de despenalizar el consumo era uno de los pasos fundamentales para transformar un fenómeno policiaco generador de violencia en un tema sanitario. La historia de nuestro vecino del norte muestra claramente que la época de la prohibición del alcohol no sirvió para prevenir el abuso en el consumo y exclusivamente generó peligrosas mafias dedicadas a la producción y distribución de la droga y, al momento de dejar de considerarlo un delito, se pudieron articular campañas dirigidas a prevenir el abuso. A pesar de la demostración histórica reciente, fue aquel país donde se originó la actual prohibición que ha provocado una cantidad enorme de muertes a manos de las mafias que controlan la producción y el tráfico de todas las sustancias con potencial adictivo, hasta el extremo del fentanilo, cuyo consumo se asocia a muchas muertes por lo peligroso del compuesto.
Hoy parece que el tema carece de la más elemental lógica; Estados Unidos está articulando una política de intervención militar en muchos países de Centro y Sudamérica, la misma intención han manifestado con México, que le ha presentado una resistencia sensata y tranquila, pero ya incluso secuestraron al gobernante de Venezuela con el argumento del tráfico de drogas, para aclarar posteriormente que sólo les interesaba el petróleo de aquel país.
Simultáneamente, están incendiando Oriente Medio, con argumentos que parecen igual de falaces, el peligro de armas nucleares en Irán parece otra gran mentira, y no hemos podido vislumbrar sus intenciones reales, que seguramente son también de índole económica.
En suma, parece que a nuestro vecino del norte lo único que le interesa es enderezar lo que quizá es la peor crisis económica que está padeciendo, y lo está articulando a costa de lo que sea; es decir, no importan los millones de personas que deban morir ni las circunstancias de dichas muertes, con tal de conseguir más poder económico. Bajo este punto de vista, la llamada “lucha contra las drogas” derivada de los estadunidenses parece la peor de las simulaciones. Si de verdad les preocupara la salud de los consumidores estarían enfocados en soluciones médicas, en tratamientos modernos para contrarrestar el síndrome de abstinencia, en terapias eficaces para evitar las adicciones y no estar proponiendo la invasión militar hacia otros países. Parece por completo ilógico e inconexo con la realidad, por lo menos argumentativa.
El problema que, además, parece más grave es que los expertos tampoco están pronosticando una salida que les permita reflotar su economía, por el contrario, parece que las decisiones de aquel gobierno están afectando de forma importante la economía de sus habitantes, que ya venía sufriendo en los últimos años. Parece que la crisis del imperio nos está arrastrando a todas y a todos al caos más absurdo. El problema del tratamiento de los adictos a diversas sustancias parece que está quedando en último término de importancia para las personas que se encuentran decidiendo el destino del orbe. Ojalá existan posturas, como lo que propone el primer ministro canadiense, con capacidad de poner freno a la irracionalidad y al caos.
