El ridículo de la contradicción: análogos de GLP1 y ultraprocesados

En este espacio he abordado muchas veces el tema de los alimentos ultraprocesados que básicamente son veneno para el ser humano, y producen adicción. La mayoría de los alimentos y bebidas que se venden en las llamadas “tiendas de conveniencia” tienen en mayor o menor medida esas características y cuesta mucho trabajo para cualquier gobierno luchar para evitar su consumo. Los industriales que los fabrican invierten cantidades enormes de dinero para convencer, mediante publicidad masiva, a toda la población de lo delicioso de sus productos. Al margen de que de ninguna manera son deliciosos, más bien son casi vomitivos, el punto de lograr que las personas consuman esos alimentos es provocar adicción a los mismos porque eso les va a garantizar ganancias ininterrumpidas. Básicamente es una industria legal, muy parecida al narcotráfico.  

Ese escenario es el que ha conducido a México a la epidemia de sobrepeso y obesidad que hoy está causando estragos monumentales en términos de la prevalencia de enfermedades derivadas de la obesidad como la diabetes, la hipertensión o las enfermedades cardiovasculares y constituyen una de las primeras causas de muerte. 

Desde luego, desde el Estado se debe combatir de manera frontal al consumo de esos venenos, en primer lugar haciéndolo explícito, y después articulando campañas generalizadas a la población. En ese sentido creo que hemos avanzado, quizá no a la velocidad que yo quisiera, pero el camino ya se encuentra marcado; el etiquetado de alimentos y bebidas fue un primer paso que está provocando conciencia en la población. Simultáneamente ahora aparecen un grupo de fármacos, diseñados originalmente para la diabetes, pero cuyo uso se ha generalizado porque son muy eficaces en la disminución del peso corporal; son los llamados péptidos similares al glucagon tipo 1. En el intestino existen la producción de una sustancia que manda una señal al cerebro de saciedad, provoca secreción de insulina y hace más lento el vaciamiento del estómago.

La tecnología ha desarrollado ahora fármacos parecidos al natural, pero con efectos más poderosos y duraderos, que reducen el apetito, reducen los antojos y hacen más lenta la digestión. Efectivamente se ha demostrado su eficacia en el control de la glicemia en personas con diabetes, pero en vista de su perfil de seguridad, se emplean ahora con el objetivo de bajar de peso, especialmente entre quienes no lo consiguen con las medidas habituales. 

Han sido un enorme boom para los laboratorios que los fabrican, hasta hoy están demostrando utilidades enormes derivadas de la comercialización y la imagen que tenemos los médicos es que van a aparecer muchas moléculas nuevas, derivadas de las originales a corto plazo. 

Hasta hoy, la dificultad primaria para cualquier persona que quiera tomar el medicamento es el precio, pero si se comienzan a fabricar de forma masiva estoy seguro que bajarán los costos al consumidor.

Parece que la sociedad está en medio de dos fuegos: una industria muy poderosa que nos provoca adicciones y sobrepeso y, otra, también poderosísima que nos ofrece el remedio. El escenario no sólo parece ridículo, sino hace patente que somos rehenes de intereses empresariales sin límites.