La menopausia es una etapa de la vida
La administración de medicamentos debe restringirse.

Raymundo Canales de la Fuente
Bioética y biopolítica
Como ya lo he mencionado en este espacio, la menopausia, que se define como la última menstruación de una mujer y ocurre alrededor de los 50 años de edad, con frecuencia viene acompañada de una serie de molestias derivadas del cambio hormonal subyacente. Todas y todos hemos escuchado hablar de golpes de calor, definidos como “bochornos”, dolores de cabeza, insomnio y trastornos en el estado de ánimo. Desde luego el cambio hormonal ocurre de forma muy parecida en los varones, con sintomatología muy parecida, pero simplemente no se habla socialmente de la “andropausia” por una serie de razones relacionadas con discriminación de género.
Lo interesante del tema es que recientemente la industria farmacéutica ha desarrollado una serie muy grande de medicamentos enfocados en el alivio de los síntomas en esa etapa de la vida, con diversos grados de éxito y también diferentes perfiles de riesgo.
Hace unos 20 años se publicó un estudio multicéntrico enorme, que se llevó a cabo en la Unión Americana y cuyo foco fue realizar un seguimiento de largo plazo a las mujeres que tomaban dosis elevadas de estrógenos con esa intención, pero el estudio se tuvo que suspender a la mitad del tiempo programado por la enorme cantidad de efectos colaterales graves observados. Se pudo apreciar incremento significativo de una serie de tumores malignos y de otras enfermedades graves.
Hoy la industria nos quiere convencer de que, en aquella época, todas y todos los ginecólogos “interpretamos mal los resultados” y que los estrógenos no son tan peligrosos. Desde luego caben algunas aclaraciones y ajustes en la forma de entender aquel estudio, pero de ninguna manera cabe la posibilidad de que el estudio en su conjunto estuviera mal hecho.
En pocas palabras, los estrógenos sí representan algún grado de riesgo y es imperativo emplearlos durante el menor tiempo posible procurando que la mujer articule los cambios en el estilo de vida que la pueden mejorar. Es un hecho por completo demostrado y comprobado que permanecer en el peso ideal, hacer ejercicio diario y mantener una dieta con pocas carnes rojas y mucha más proteína de origen vegetal son fundamentales para obtener el resultado deseado.
De hecho, a mí me gusta mucho mencionar que, finalmente, se trata de un cambio hormonal brusco, en una época de la vida que de alguna forma se parece al que sufrimos las personas en la adolescencia y nunca pensamos en medicarlos. Siempre procuramos hablar en familia respecto del tema, propiciamos favorecer que la adolescente conserve la costumbre de hacer deporte, mantenga una dieta sana y casi siempre favorecemos que se alejen de vicios o sustancias que pueden resultar adictivas, pero nunca pensamos en darles fármacos.
La menopausia, en ese sentido, es prácticamente lo mismo simplemente acompañada de mayor conciencia de la persona que la padece; entonces, en principio, el papel del sistema sanitario debe ser favorecer los cambios conductuales enfocados a la calidad de vida, reservando para muy pocos casos la administración de medicamentos. Desde luego, afirmar esta postura le disgusta a la industria, cuyo objetivo son los dividendos, pero es lo más racional, sensato y centrado, especialmente en sociedades con presupuestos ajustados en salud.