El lobo mexicano otra vez en peligro

Raymundo Canales de la Fuente

Raymundo Canales de la Fuente

Bioética y biopolítica

En este espacio he hablado en varias ocasiones acerca del maltrato histórico que los seres humanos hemos ejercido contra los lobos, que constituyen la misma especie que nuestros adorados perros domésticos. Se trata del mismo animal, la única diferencia entre ambos es que los primeros han tenido que sobrevivir de forma autónoma y los segundos dependen casi exclusivamente de nosotros para proveerles alimento y cuidados.  

Personalmente he tenido la oportunidad de tener en mi casa dos “híbridos”, producto de mezcla de perros con lobos, de los llamados de “alto contenido” que significa que la mayoría de su genética es de lobo. Mi experiencia ha sido mágica y transformadora en muchos sentidos, de aquel animal torvo o salvaje, no queda absolutamente nada. 

Los lobos son el extremo opuesto a esa absurda percepción, y puedo hacer constar que se trata de animales profundamente inteligentes (por eso son difíciles de educar), leales, amorosos, familiares, gregarios, juguetones, comunicativos, todo esto en un grado más importante que los perros; desde luego no atacan a nadie, pero eso no quiere decir que no cuiden su casa y a los suyos. 

Tienen una organización social compleja, desde luego jerárquica, pero el mando no se gana por la fuerza o la ferocidad, sino por la capacidad de conseguir alimento. Las manadas son muy complejas, existen de muchos tamaños en términos numéricos y el “alfa” puede ser hembra o macho, y no necesariamente el más fuerte, sino el que tiene más capacidad para conseguir alimentos. 

Los estudiosos de la biología de esta especie han documentado capacidad para establecer relaciones sociales de mutuo beneficio, por ejemplo con cuervos, de tal forma que el ave localiza desde las alturas alguna presa habitual de los lobos, los conduce a ella y al final los lobos le permiten alimentarse del cadáver. El significado de lo descrito es que poseen una capacidad para adaptarse que depende de una inteligencia patente y muy sofisticada. 

El llamado lobo mexicano es una variante del lobo gris, simplemente un poco más pequeña, que creció en zonas más meridionales, pero que puede reproducirse indistintamente con el lobo gris o con el perro doméstico. Hace pocos años estaba prácticamente extinto, sólo quedaban unos pocos ejemplares en zoológicos y ninguno en vida libre. Se diseñó un programa binacional, porque su hábitat abarcaba desde el sur de EU y el norte de México, poniendo cada país lo mejor de sus expertos, una voluntad política importante y los recursos en ambos lados de la frontera. 

El éxito ha sido muy patente, ya existen manadas en vida libre en ambos lados de la frontera, pero una de las dificultades importantes que han encontrado es exactamente el muro, que no impide el paso de las personas, pero sí el de los lobos, que necesitan deambular libremente para encontrar las mejores condiciones de desarrollo y supervivencia. 

Hace unos días, el presidente de aquella nación, anunció de manera inexplicable, como es su estilo, que va a firmar una orden para matar lobos mexicanos, lo que carece de la lógica más elemental y contiene el riesgo de terminar por siempre con esa subespecie de lobo. La razón que esgrime es el incremento de la productividad de los ganaderos del sur de Estados Unidos, cuando ya se ha demostrado claramente que los lobos no son responsables de la muerte de más de una decena de bovinos que, además, el gobierno se los paga. 

Parece que el error fundamental es que se llama lobo “mexicano”. Si fuera lobo argentino o venezolano quizá los estaría protegiendo. Propongo entonces que le cambiemos el nombre. Se aceptan sugerencias.