La siguiente oleada de covid-19

Bajo estas condiciones, lo esperado es una nueva oleada de contagios porque en la primera se enfermó solamente una pequeña proporción de la población, y ahora con el agravante de que no se podrá articular un nuevo confinamiento, por lo menos bajo las mismas ...

  • Bajo estas condiciones, lo esperado es una nueva oleada de contagios porque en la primera se enfermó solamente una pequeña proporción de la población, y ahora con el agravante de que no se podrá articular un nuevo confinamiento, por lo menos bajo las mismas condiciones.

La epidemia hoy es imparable. Por más que nos sorprenda que, en un mundo con avances tecnológicos y científicos vertiginosos, ocurra la aparición de un virus nuevo, parecido al de una gripe común, y para el que no tenemos cura, pues ahí está la realidad.

Carecemos de medicamentos eficaces, al tiempo en el que todavía no hay vacuna y no parece cercano el momento de contar con ella. Esta segunda oleada de infecciones es producto del confinamiento, me explico: la reacción de las sociedades de todo el orbe ocurrió de forma rápida, los sistemas de información en tiempo real permitieron hacer un seguimiento muy puntual del número aproximado de casos reportados por las unidades médicas, así como de los fallecimientos presuntamente atribuibles al virus; los hallazgos científicos relativos a la estructura del virus, su forma tridimensional, así como de los mecanismos de infección se comunicaron rápidamente, arribando los científicos a las conclusiones que ya conocemos, es decir, que se trata de un virus nuevo y para el que no teníamos tratamiento específico.

Frente a esa realidad, y desconociendo la capacidad letal del microorganismo, los sistemas encargados de epidemias articularon campañas con lo único que tenían a la mano, es decir, aislar a las personas para evitar los contagios. Así arrancó una estrategia mundial de confinamiento de la población en sus domicilios, invitándolos y, a veces, obligándolos a permanecer al interior de los mismos, pero resulta natural pensar que es imposible retener a la población de manera indefinida en una situación parecida al arresto domiciliario.

Las personas necesitamos sentirnos libres, movernos de acuerdo con nuestros deseos, hablar y convivir con nuestro medio social en cualquier momento. Son necesidades básicas que no pueden ser limitadas bajo casi ninguna circunstancia, y eso lo saben todos los epidemiólogos, entonces ellos sabían que tarde o temprano la gente iba a salir de sus casas con o sin control de la epidemia.

Albergaban la esperanza de que durante ese periodo temporal la ciencia nos iba a brindar algún tratamiento efectivo contra la infección, lo que por desgracia no ha ocurrido, como tampoco tenemos ninguna vacuna eficaz. La ciencia no puede estar sujeta a condiciones temporales, resulta por completo incierto el espacio temporal que se va a necesitar para desarrollar algo como un tratamiento. 

Ocasionalmente, el primer intento es un éxito, pero no es lo frecuente. Bajo estas condiciones, lo esperado es una nueva oleada de contagios porque en la primera se enfermó solamente una pequeña proporción de la población, y ahora con el agravante de que no se podrá articular un nuevo confinamiento, por lo menos bajo las mismas condiciones.

Para lo que debemos prepararnos es para convivir de forma cotidiana con el virus, cuidando especialmente a los que sabemos tienen condiciones para parecer la enfermedad grave. No hay nada más mientras tenemos algún remedio. Seguir culpando a los responsables del manejo inicial resulta no sólo ocioso, sino también absurdo. Ojalá entendamos.

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