Estacionarse frente a un Instituto Nacional de Salud

En calzada de Tlalpan existe una red de corrupción tolerada

Hacer el intento de aparcar el automóvil cerca de alguno de los hospitales federales que existen en la ciudad, no sólo puede poner en riesgo la vida del enfermo, sino de quienes lo acompañan.

Es un hecho incontrovertible que no son suficientes los medios de transporte públicos en una ciudad tan compleja como la CDMX y ésa es una de las principales razones que explican el infernal tráfico habitual ya en cualquier zona de la urbe, a cualquier hora del día o la noche; pero eso significa un obstáculo adicional para las personas que buscan atención sanitaria por algún padecimiento agudo o crónico.

Los hospitales federales en su conjunto y especialmente las joyas de la corona en salud, es decir, los institutos nacionales de salud, carecen universalmente de lo más elemental, como áreas de ascenso y descenso de enfermos que acuden a solicitar su servicio. No importa si la paciente no puede o no debe caminar, nadie le facilitará el acceso, salvo si llega por la banqueta y, a veces, en una ambulancia.

Tampoco existen áreas en las que los enfermos o sus familias puedan estacionarse, ni siquiera los empleados de las instituciones cuentan con esa “facilidad” y tienen que estacionar sus vehículos en la calle, ocupando espacio urbano y estorbando al vecindario, que por supuesto contribuye al caos vial.

En las colonias donde se asientan varias instituciones de este tipo, como la calzada de Tlalpan, existe una red de corrupción tolerada por los gobiernos de la alcaldía y la ciudad, a cargo de personajes como los llamados “viene, viene”, que exigen pagos fijos de 100 pesos o más, por automóvil, para permitirle que se estacione en la vía pública.

El problema parece que no le atañe absolutamente a nadie; históricamente cuando las direcciones de los institutos y hospitales federales dependían de gobiernos federales del PRI o del PAN, se entiende que existía una confrontación con el Gobierno de la CDMX, que tiene muchos años de ser administrada por Morena y, antes, por el PRD, y nadie levantaba un dedo, intentando hacer quedar mal a los contrarios, pero eso ya no existe el día de hoy.

Los gobiernos federales y locales son derivados del mismo movimiento, por lo que yo esperaba que hubiera una coordinación prácticamente inmediata para resolver un problema que es cada día peor y afecta la vida y la salud de miles de personas, tanto vecinos de dichos nosocomios como de enfermas y enfermos que requieren atención médica.

Es infame contemplar cómo, frente al Instituto Nacional de Neurología y Neurocirugía, se estacionan cientos de automóviles dejando un solo carril útil en la avenida Insurgentes, o cómo empujan familiares una camilla en la banqueta de calzada de Tlalpan, frente al hospital general Manuel Gea González.

Obviamente la solución atañe a todos los niveles de gobierno; la delegación, el Gobierno de la CDMX y la federación, contando con la Coordinación de Institutos y todos y cada uno de los directores y directoras de los hospitales, deben aportar ideas y proponer soluciones a corto, mediano y largo plazo.

No se necesita ser un genio, basta tener la voluntad de hacer las cosas y con certeza se puede arribar a soluciones sensatas.

Hago votos para que los gobiernos se puedan poner de acuerdo, por el bien de todas y todos.

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