Una valerosa y eficiente demostración de médicos mexicanos

Cuando escucho la voz de Jorge Alcocer, el pequeño secretario de Salud, cuando dice que hay dos mil 678 vacantes que los médicos no quieren porque aducen inseguridad, implícitamente los acusa de cobardes y, por supuesto, omite que sólo en los últimos tres años y ...

Cuando escucho la voz de Jorge Alcocer, el pequeño secretario de Salud, cuando dice que hay dos mil 678 vacantes que los médicos no quieren porque aducen inseguridad, implícitamente los acusa de cobardes y, por supuesto, omite que sólo en los últimos tres años y medio, hay más de cien mil desaparecidos y más de 120 mil asesinados.

¿Por qué Alcocer no recorre esas zonas o asienta sus oficinas fuera del Paseo de la Reforma; por qué no habla de la ineficacia en protección ciudadana del gobierno al que pertenece; qué le hace hablar mal de los jóvenes médicos y apoyar la idea de contratar extranjeros?

Sus palabras dan vergüenza. En coherencia con su tristísimo papel durante la pandemia.

¿Cómo permitió que hospitales de alto registro como Nutrición, Cancerología, Cardiología y otros igualmente importantes fueran convertidos en “hospitales covid”, interrumpiendo los tratamientos para decenas de miles de enfermos, muchos de ellos en condición crítica?

  • Su lugar fue ocupado por un desacreditado subsecretario que estimó 60 mil muertos como una cifra exagerada si continuaba la epidemia. 697 mil es la cifra oficial de fallecidos que oculta números mucho mayores en la oscura contabilidad de funerarias, panteones y “muertes atípicas o por razones desconocidas” en el Registro Civil. Y esto es explicable cuando la propaganda oficial rezaba: “Quédate en casa”.

En su momento, supimos que mientras más tarde se ingresaba a una clínica u hospital, las posibilidades de sobrevivir eran muy reducidas. De hecho, a la gente se le enviaba a morir a su casa.

La voz que más fuerte resuena hoy contra médicos acusándolos de cobardes o mercantilistas, es la misma que fue salvada de un infarto y dos veces de la pandemia por quienes cumplieron con el juramento hipocrático. Esa voz ignora o parece ignorar que en las fechas de mayor incidencia que en línea diagonal ascendente alcanzaba alturas de confusión, dolor y muerte, ocurrió algo que colaboró eficazmente a descongestionar los hospitales de la ciudad capital.

¿Qué fue eso? A contrapelo surgió una Unidad Independiente compuesta por 59 fundaciones privadas y médicos de muy diversas especialidades, enfermeras, camilleros, asistentes, choferes que, venciendo el temor a perder su propia vida, decidieron luchar y enfrentar un enemigo temible y prácticamente desconocido para salvar el mayor número de vidas amenazadas de muerte. Ahí estuvieron fuerzas activas de la UNAM y la obligada participación gubernamental un tanto desdibujada y, por supuesto, aprovechada ante el éxito conseguido. Así es como nació la Unidad Temporal Covid-19, erigida en el Centro de Convenciones y Exposiciones Citibanamex.

Ejercer la medicina requiere de grandes sacrificios, talento y entrega vocacional. Les toma, al menos cinco años para obtener la licenciatura y nadie se queda en ese piso; el 92% de los estudiantes realiza una maestría y aspira a especialidades y doctorados de diversa índole. Los médicos mexicanos —a pesar de las dificultades y falta de estímulos—, alcanzan en materias y estudios estratégicos, semejanza en calidad con sus semejantes europeos, asiáticos y norteamericanos.

En un par de semanas verá la luz pública el libro Pandemia, un cuerpo médico la enfrenta. Veremos que sí es posible reunir voluntades y fondos para crear entidades independientes y alcanzar, como ellos lo hicieron, una espléndida epopeya de nuestro tiempo.

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