La violencia no es el camino

Esta semana se celebró la audiencia para dictar sentencia a Ismael El Mayo Zambada García, cofundador del Cártel de Sinaloa, en una Corte Federal en Nueva York; en la que fue condenado a cadena perpetua y al decomiso de 15 mil millones de dólares por el juez Brian M. Cogan.

Al momento de saber que nunca más podrá volver a vivir en libertad por la comisión de los delitos de narcotráfico, lavado de dinero y crimen organizado, realizó una breve declaración de viva voz en español, que vale la pena reflexionar.

Dirigiéndose al juez sostuvo que nadie gana en la guerra del narcotráfico y el crimen. Se disculpó por el daño que ha causado y por el mal ejemplo que ha dado a lo largo de los años e, instó a las futuras generaciones a elegir un camino diferente al suyo. Y concluyó: “Si hay algo que puedo decir hoy que tenga algún valor, es que la violencia debe terminar”.

Aunque se ha dicho por algunas personas que las palabras de arrepentimiento de El Mayo son tardías e hipócritas, en el fondo sintetizan un mensaje importante que sobre todo la juventud debería escuchar.

Según el Inegi, la mortalidad en México de jóvenes entre 15 a 29 años se debe a causas violentas o externas; es decir, las agresiones y los homicidios. La violencia afecta de manera abrumadora a la población masculina, ya que la actualidad, más de 85% de las víctimas de homicidio en este grupo de edad son varones jóvenes.

A partir de la expansión de la presencia de los cárteles de la delincuencia organizada, la escalada exponencial de la violencia contra los jóvenes se ha multiplicado, debido a las acciones tendientes a su reclutamiento para que se desempeñen como sicarios o halcones.

Aquí es en donde como sociedad estamos fallando. La falta de oportunidades reales, así como de una educación suficiente y de calidad crea un entorno que, si bien no es determinante, sí crea condiciones que se imponen para que en muchos casos los jóvenes opten por dedicarse a la delincuencia al no tener alternativas mejores.

Si a eso le agregamos que vivimos en medio de la construcción de una auténtica cultura de apología del delito a través de la música, el cine o la literatura, que estimula la exaltación pública de los actos delictivos y muestra una imagen falsa de que los delincuentes son personajes exitosos, poderosos y hasta admirables; el problema se complica.

El final de la carrera delictiva de los grandes capos de la delincuencia como El Chapo Guzmán, El Mencho Oseguera y ahora El Mayo Zambada deben ser un ejemplo claro para las juventudes de que tarde o temprano la justicia los va a alcanzar y que nadie puede envidiarles tener que terminar sus vidas de una manera tan espantosa.

Pero, quizás, la frase más trascendental del mensaje del capo sinaloense fue “A las futuras generaciones les digo: elijan un camino diferente”.

Porque las evidencias demuestran que quien se incorpora a la delincuencia tiene amplias posibilidades de morir asesinado a temprana edad, y a quienes sobrevivan, con seguridad les tocará sucumbir en una emboscada o tener que vivir de manera perpetua en una cárcel de alta seguridad, pudiendo salir a ver al sol sólo una hora a la semana.

Sólo a través de una educación de calidad, el combate efectivo a las causas que generan la pobreza y la desigualdad, así como la generación de una mayor cantidad de empleos dignos será posible brindar a los jóvenes mejores oportunidades, frenar el avance de la violencia y propiciar que dejen de hipotecar su vida a cambio de una ilusión de poder.

Como Corolario, la frase de Giovanni Falcone, ícono de la lucha contra el crimen organizado en Italia: “La mafia no ofrece futuro a los jóvenes; les ofrece una sepultura anticipada”.