Arruinan a Leibovitz

Debió ser un presupuesto considerable el que se destinó a la exposición Futbol 2026. Annie Leibovitz, inaugurada a inicios de junio pasado en el inundable Museo Nacional de Antropología (MNA). En su apertura, los organizadores hablaron de tres fuentes de financiamiento privado, pese a lo cual no alcanzó para idear una museografía a la altura de la obra de la fotógrafa estadunidense.

Es inconcebible que la presentación de al menos la mitad de las instantáneas de la artista galardonada con el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades (2013) —son cerca de 100 en total y podrán ser vistas hasta antes de que termine agosto— haya sido dispuesta como un collage que alterna fotografías y textos en hojas tamaño carta colocados a una altura que sólo podrían ser descifrados por una jirafa con anteojos de aumento.

¿A quién se le ocurrió la genial idea de poner textos de Juan Villoro, Antonio Saborit y la propia Leibovitz con un diseño que no le hace justicia a esta serie que intentó aprovechar la coyuntura mundialista y que, lejos de ser un ejercicio visual imponente, es una presentación al aventón que, si acaso, podría ser mejor apreciada en un espacio menos monumental?

Muchos hemos visto en este mismo museo exposiciones bastante buenas, como Amazônia, del brasileño Sebastião Salgado, que tuvo su paso por México en febrero de 2025. Y aunque entiendo que el estilo es distinto, eso no debería significar que el montaje sea descuidado.

Incluso Tlachtli. Espacios del juego sagrado, del fotógrafo Santiago Arau, tiene un despliegue más equilibrado en el que las cédulas pueden leerse fácilmente para entender las referencias prehispánicas.

No soy museógrafo ni fotógrafo, pero basta la observación para notar que la muestra de Leibovitz vende un nombre y exhibe una serie valiosa, pero con una presentación casi escolar que no logro comprender.

Recordemos cómo la exposición de Sebastião Salgado trató con dignidad cada instantánea, mientras que sus cédulas, bastante discretas, aportaron una guía para que hasta el más distraído profundizara en su relación con ese edén inaccesible, donde lo más impresionante fue el detalle de los paisajes y su exuberante iluminación.

Mientras que en la de Leibovitz se apostó por el uso de los muros como grandes lienzos para mostrar la diversidad de su trabajo.

En el primero, por ejemplo, se proyecta una breve selección del trabajo que la fotógrafa hizo para los carteles de México 86. En el segundo también se visualiza, a gran escala, la reproducción digital de las instantáneas más recientes de Leibovitz —donde desfilan figuras del balompié como Cristiano Ronaldo, Kylian Mbappé, David Beckham, Julián Quiñones, Raúl Jiménez, Johan Vásquez, Edson Álvarez, Montserrat Saldívar y Guillermo Ochoa—, cuyos cuerpos manifiestan el rito y la fortaleza de este deporte.

Sin embargo, ambas proyecciones digitales algo pierden, por lo que debió buscarse la forma de que el espacio luciera aún más oscuro.

Pero en el tercer muro —el más cuestionable— se dispuso una plasta de imágenes tamaño carta y doble carta, sujetadas con alfileres de cabeza transparente, con textos que ningún visitante podrá leer, ya que la mayoría están colocados en la parte superior. ¿Quién podría descifrar un contenido en tipografía Arial, a 12 puntos y a más de dos metros de altura? Considero que es una ofensa para cualquier visitante.

Al menos el último lienzo —quizá el más acertado— expone una ráfaga de imágenes que intenta resumir de forma apretada medio siglo del trabajo de Leibovitz.

Otro acierto fue la inclusión de piezas prehispánicas, aunque dicho núcleo luce insuficiente. En fin, Futbol 2026. Annie Leibovitz es una muestra que la falta de ingenio y equilibrio visual logró arruinar.