Uno de los instrumentos a nivel internacional más efectivos para evaluar el desarrollo integral de los países radica en la calidad y alcance de su educación pública, pues en la actualidad se considera como la mejor herramienta para impulsar el progreso.
El más importante, es el diseñado desde la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, denominado Prueba PISA —por sus siglas en inglés—, la cual es una valoración que se realiza cada tres años en todos los países miembros de la organización, a alumnas y alumnos de 15 años, para medir hasta qué punto han adquirido los conocimientos y habilidades esenciales para su posterior participación en la sociedad.
La evaluación PISA se enfoca en las áreas escolares centrales como: la comprensión de lectura, las matemáticas y las ciencias. En días recientes fueron dados a conocer los resultados de la edición 2025.
Fueron evaluados más de 760 mil estudiantes en 91 países de todo el orbe. Los países con mejores resultados fueron: China, Japón y Reino Unido. México ocupó el puesto 64 dentro del escenario.
Los resultados obtenidos por los jóvenes mexicanos evaluados siguen siendo de manera descendente, como ha venido ocurriendo a lo largo del proceso desde que se instauró la prueba.
En esta edición nuestro país obtuvo resultados muy preocupantes. El puntaje obtenido en comprensión lectora fue de 408 puntos, 7 puntos menos que en la edición pasada. En matemáticas nuestro país obtuvo 388 puntos, en comparación con los 395 del año 2022, que al mismo tiempo constituye la puntuación más baja desde el año 2006.
Sólo en ciencias hubo una leve mejoría, pues se obtuvieron 414 puntos, cuatro más que en la edición anterior. Entre los países de la OCDE, México ocupa el penúltimo lugar en Ciencias y Comprensión Lectora, así como el antepenúltimo en Matemáticas.
No debemos olvidar que lo que no es medible, no es mejorable. En 2019 se desapareció al Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación; y en su lugar se creó la Comisión Nacional para la Mejora Continua de la Educación, organismo que, en diciembre de 2024, también se determinó su extinción.
Esto quiere decir que el sistema educativo nacional carece en la actualidad de procesos especializados y confiables para su evaluación.
La publicación de la prueba PISA coincide con la presentación del Presupuesto de Egresos 2027, en el cual se debería ver reflejada la prioridad de entender a la educación no debe verse como un gasto, sino como una inversión que puede cambiar el destino que como país tendremos.
Por lo que se observa de la información disponible, el gasto que se pretende destinar para educación volverá a ser muy menor que lo que se designará para financiar los programas sociales. Y en lo que, en teoría, habrá de incrementarse para este rubro, se incluye lo que se destinará para becas, que será alrededor de 360 mil millones de pesos.
Los resultados que arroja la prueba PISA demuestran que el mayor presupuesto en becas no se está reflejando en la mejora educativa, porque no tienen como objetivo estimular el esfuerzo en el estudio y aprendizaje, sino que están diseñadas para ser ayudas sociales indiscriminadas.
La educación es un derecho humano exigible y justiciable. Es, además, un derecho habilitante, porque sólo las personas que la reciben tienen la capacidad de entender, ejercer y defender sus demás derechos.
Los resultados deben ayudar a convencer al gobierno que no basta con ampliar la cobertura educativa. Hay que diseñar políticas públicas emergentes tendientes a elevar la calidad en la educación.
Como Corolario, la frase de Paulo Freire: “La educación no cambia el mundo, cambia a las personas que van a cambiar el mundo”.
