Soberbia y castigo

El Chapo, convencido de su propio mito, decidió que él mismo debía inmortalizar su vida a través de una película.

Según la doctrina del cristianismo existen siete pecados capitales, llamados así porque generan otros pecados, otros vicios. De acuerdo con santo Tomás de Aquino son la soberbia, la avaricia, la envidia, la ira, la lujuria, la gula y la pereza.

La soberbia es considerada como el “vicio maestro”, entre todos ellos; y es —y ha sido— la perdición de muchos hombres y mujeres a lo largo de la historia.

El Diccionario de la Real Academia Española define a la soberbia como: “Altivez y apetito desordenado de ser preferido a otros”. Se entiende de diversas maneras, pero todas convergen en un mismo punto: el sentimiento de superioridad del individuo y su convicción respecto de la infalibilidad de sus cualidades sobre las de cualquier otro.

La información vertida en relación a la tercera captura del narcotraficante Joaquín Guzmán Loera demuestra que el criminal más importante de los últimos años fue localizado y recapturado por las fuerzas de seguridad, debido a que fue traicionado por su propio ego.

Acostumbrado a burlar a las fuerzas del orden en varias ocasiones, al uso de la gran fortuna que ha logrado amasar con sus actividades criminales, a tener a sus órdenes un ejército de colaboradores que darían su vida por él y confiado al cariño de los pobladores de su terruño, llegó a creerse intocable.

Su ego le aconsejó llevar siempre donde se escondiera a una cocinera que le preparara sus platillos favoritos, vestir un ajuar de camisas de diseñador para recibir a aquellos que lo visitaban y a no estar lejos de su familia y amigos.

Convencido de su propio mito, decidió que él mismo debía inmortalizar su vida a través de una película. Para ello, escogió a una imagen simbólica y construyó contacto con la actriz Kate del Castillo, protagonista principal de la serie La Reina del Sur, quien públicamente declaró que confiaba más en el narcotraficante que en el gobierno.

La impunidad de las actividades delincuenciales genera un efecto terrible en la sicología social. Los malos ejemplos no castigados tienden a ser imitados, y quienes los cometen llegan a creer que son seres superiores y que nunca serán llevados a cuentas.

El éxito que le dieron a la actriz sus papeles protagónicos como miembro de la delincuencia le generó un sentimiento de vanidad, el cual terminó por traicionarla. Podríamos decir que —sin percatarse de ello— Kate del Castillo se transmutó en su famoso personaje de Teresa Mendoza y, al igual que él, sintió que ninguna autoridad la podría alcanzar y que incrementaría su fama y riquezas al contar la historia del narcotraficante más famoso de estos tiempos.

Las agencias de inteligencia mexicanas estaban enteradas de esta situación y durante meses montaron un cerco de vigilancia sobre la actriz, esperando obtener la información que, al final, los llevaría a atraparlo.

El castigo por la soberbia para ambos será ejemplar. Decía mi maestro de Derecho penal, Fernando Castellanos Tena, que las cárceles están llenas de personas que se creen más vivos que todos. El delincuente, nuevamente, padece la cárcel de máxima seguridad y quizá la extradición. Y a la actriz le espera una larga serie de eventos que le van a demostrar que las leyes no son un juego ni fantasías de telenovela.

Como Corolario un viejo refrán popular dice: “El oro hace soberbios, y la soberbia, necios”.

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