Pues sí nos llovió algo en 2022, pero…
¿Qué es lo que podemos hacer? Esperar que este año llueva lo suficiente. Con motivo de la presencia de la Niña un fenómeno cíclico que forma parte natural del clima, que se presentó en nuestro país durante el primer semestre del año pasado, la falta de ...
¿Qué es lo que podemos hacer? Esperar que este año llueva lo suficiente.
Con motivo de la presencia de la Niña —un fenómeno cíclico que forma parte natural del clima—, que se presentó en nuestro país durante el primer semestre del año pasado, la falta de lluvias empezó a arrojar alarmantes cifras: para el 15 de mayo, el 81% del territorio nacional se encontraba anormalmente seco, un 57% con una sequía moderada y un muy alto 34% tenía sequía severa. La noticia era aún más preocupante debido a la falta de agua potable en la ciudad de Monterrey, que ponía como nota de primera plana la difícil situación.
Afortunadamente, las cosas mejoraron de manera sustantiva con las lluvias que se presentaron a partir del mes de junio, donde, conforme al Monitor de Sequía en México, de la Comisión Nacional del Agua, para el 15 de diciembre pasado, el 49% del territorio nacional se encontraba anormalmente seco, solamente un 14.9% con sequía moderada y el 2% bajo sequía severa. Una situación mucho mejor, pero con casi la mitad del país con una sequía anormal, el asunto está muy lejos de poder considerarse como resuelto.
Esto es lo que deberíamos tener presente para no bajar la guardia; el riesgo de falta de agua es inminente porque, no sólo nos encontramos con una situación similar a la que se presentó en enero de 2022, sino que las zonas del país donde falta agua y se considera que tienen una sequía anormal o moderada es donde se concentra una buena parte de la población: el Valle de México, Nuevo León, Tamaulipas, Michoacán, parte de Jalisco, Sinaloa, Durango y Coahuila.
Con respecto a la capital regiomontana, las acciones emergentes emprendidas por Agua y Drenaje de Monterrey, con la perforación de casi 150 pozos, los convenios con privados para tomar agua de sus pozos, la recuperación de agua que se perdía en fugas, la reducción de presiones en la red y el apoyo del suministro mediante carros tanque han dado buenos resultados y la situación se ha controlado de manera importante. Con la construcción del segundo ducto para llevar agua de la presa El Cuchillo y con la terminación de la presa Libertad, se darán grandes pasos para la normalización de la situación, pero estas obras requieren del agua de lluvia para poder funcionar.
En las presas Cerro Prieto, La Boca y El Cuchillo, principales fuentes de abasto de la ciudad, el volumen almacenado para el 31 de diciembre de 2021 era de 672.6 millones de metros cúbicos (Mm³), mientras que para el 31 de diciembre de 2022 se reporta un almacenamiento de 631.1 Mm³. La diferencia parecería poca, pero debemos partir de que, con el volumen que se tuvo en diciembre de 2021 se generaron muchos problemas con el abasto y ahora para 2023 los problemas serían mucho mayores de no ser por las acciones emergentes emprendidas. Es decir, las lluvias seguirán haciendo falta.
En el caso del acueducto Cutzamala, que abastece de agua al Valle de México, la situación tampoco es mejor: para el 31 de diciembre de 2021 el almacenamiento de sus principales presas (Villa Victoria, Valle de Bravo y El Bosque) era de 526.6 Mm³, mientras que para el 31 de diciembre de 2022 fue de 460.6 Mm³, es decir, un almacenamiento 12.5% menor, que equivale a que se dejarían de recibir diariamente el equivalente a 181 mil tinacos de mil litros cada día.
¿Qué es lo que podemos hacer? Esperar que este año llueva lo suficiente como para recuperar el déficit que tenemos en algunas regiones, pero lo más importante será fortalecer la conciencia ciudadana sobre el cuidado del agua, ya que podemos avanzar en mucho en la solución del problema si todos cooperamos, lo que, por supuesto, no resultará fácil.
