El destino nos alcanzó en el Cutzamala... ¿qué sigue? (III)

“Sólo quien acarrea su propia agua reconoce su valor”. Si reflexionamos sobre esta frase, podremos darnos clara idea de lo poco que cuidamos el agua. Conforme a los criterios establecidos por la Organización de las Naciones Unidas ONU, se considera como un derecho de ...

“Sólo quien acarrea su propia agua reconoce su valor”. Si reflexionamos sobre esta frase, podremos darnos clara idea de lo poco que cuidamos el agua. Conforme a los criterios establecidos por la Organización de las Naciones Unidas (ONU), se considera como un derecho de todos los seres humanos el tener acceso a una cantidad de agua suficiente para el uso doméstico y personal (entre 50 y 100 litros de agua por persona al día), segura, aceptable y asequible (el costo del agua no debería superar el 3% de los ingresos familiares), además, la fuente de agua debe encontrarse a menos de 1,000 metros del hogar y el tiempo de desplazamiento para la recogida no debería superar los 30 minutos.

  • Ahora imaginemos que tuviésemos que acarrear el agua en bote, al menos, unos 30 viajes de media hora, dando un total de 15 horas de estar acarreando dos cubetas de 15 litros para llenar nuestro tinaco…

¿Dejaríamos que el agua se fuese por la coladera mientras se calienta?, ¿nos daríamos un rico baño con agua calientita durante 10 o 15 minutos?, ¿tiraríamos una colilla de cigarro al inodoro y le jalaríamos a la palanca?, ¿lavaríamos nuestro carro o limpiaríamos la calle a chorro de manguera?, ¿regaríamos nuestro jardín copiosamente para que esté verde y bonito?

Seguramente no. Lo primero que haríamos sería instalar aparatos ahorradores que permitan, sin disminuir el confort, consumir menos agua.

Al bañarnos, seguramente nos mojaríamos, le cerraríamos a la llave, nos enjabonaríamos y nos enjuagaríamos lo más rápido posible. El agua de la lavadora de ropa la usaríamos para trapear la casa o regar el jardín; colocaríamos un bote de basura junto al inodoro; localizaríamos las fugas que puede haber en casa y las repararíamos de inmediato; al lavarnos las manos usaríamos el mínimo de agua y al rasurarnos no ocuparíamos más de medio litro, y lavaríamos los trastes en una bandeja con agua, y no bajo la llave…

  • Con la sequía que está presente en el país, no nos resta más que voltear a ver, con seriedad, la demanda. Y es que la fórmula para resolver el abastecimiento de agua a una localidad, grande o pequeña, es muy sencilla, sólo hay que igualar la oferta a la demanda. En la medida en que la oferta disminuye (el Cutzamala tiene prácticamente 70% menos agua de lo que debería, según el promedio histórico), ahora sólo nos queda disminuir drásticamente nuestro consumo.
  • Hacerlo en un 30% o, incluso, un 50%, tomando medidas como las antes comentadas, no es tan difícil si tomamos conciencia de la gravedad del problema. Pero llevar esa conciencia a millones de personas es muy complicado de implementar. El problema es que estamos obligados a ello; el futuro de una buena parte de nuestro país, del 70% que es árido y semiárido, depende de eso. Imposible pensar que podremos seguir consumiendo agua como hasta ahora lo hemos hecho. Eso ya se ha vaticinado, pero ahora una cruda realidad nos lo está demostrando.

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